Archivado en: Psicosis y paranoias
“En realidad, no se resignaba nunca a comprar nada de que no se pudiera sacar un provecho intelectual, sobre todo ese que nos procuran las cosas bonitas al enseñarnos a ir a buscar nuestros placeres en otra cosa que en las satisfacciones del bienestar y la vanidad. Hasta cuando tenía que hacer un regalo de los llamados útiles, un sillón, unos cubiertos, o un bastón, los buscaba en tiendas de objetos antiguos, como si, habiendo perdido su carácter de utilidad con el prolongado desuso, parecieran ya más aptos para contarnos cosas de la vida de antaño que para servir a nuestras necesidades de la vida actual”.
Marcel Proust // Por el camino de Swan, en busca del tiempo perdido.
Siempre regalar algo me produce dolores de cabeza. Y no, no es que me cueste desprenderme de las cosas, es tan sólo que soy muy quisquilloso para lo que regalo. Siempre procuro que sea, para empezar, inútil. Después -y no menos importante-que sea barato. Y finalmente (y si se puede) que sea del total agrado de la persona a quien va dirigido. Comprar para mí, entonces, es un maratón de tienda en tienda, comparando precios, revisando antiguedades y puliendo basureros.