Necropsia a un Cobayo


De los viajes en el tiempo
Mayo 28, 2008, 5:04 pm
Archivado en: Pequeñas iluminaciones

Después de la junta, se ofreció a llevarme a casa. Al llegar, estacionó el coche frente al porche de la entrada y me invitó a fumar con él la poca marihuana que le quedaba. Con un gusto sumamente nostálgico accedí; habían pasado por lo menos dos años desde la última vez que habíamos fumado juntos y el mundo ya no era el mismo. Me entregué a la marihuana con la misma inocencia y el mismo miedo de hace cinco, tal vez siete años, como si fuera la primera vez que fumaba con él dentro de su auto. Dejamos pasar el tiempo deshilvanando conversaciones que no iban a ninguna parte, dejando escapar reclamos y lamiéndonos perdones. En algún momento, obnibuladas, nuestras bocas se encontraron en la oscuridad. Nuestros labios tenían un gusto amargo, añejo, de libretas rayadas hasta la última hoja y diarios amontonados. Descompusimos la anatomía del beso, transgiversándolo, torciéndolo, pervirtiéndolo, corrompiendo su inocencia con recuerdos y racionalizaciones. Al separarnos, evité mirarlo a los ojos. Me despedí y salí de su auto envuelto en un tufo de realidad que por poco y me desvanece de tan absurdo. Entré a casa con la sensación de haber viajado en el tiempo.