Divinos días de estiercol secularizado

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Fray Cobayo (próximamente beato, patrono de los llamados en falso y los libros sin publicar) decidió tomarse una vacaciones en el infierno. Por eso, esta mañana, tomó un autobús hacia la Ibero.

La última vez que vi un pato… la última vez que hablé con uno… la última vez que estuve con la Vaka… el hash estaba ahí, conmigo, con nosotros, en compañía. Ahora ni patos, ni Vaka, ni Hash.

Hay días en los que postulo a la heterosexualidad como el peor de los defectos. Pero al poco rato recapacito y logro ver con más claridad: el peor defecto de cualquier humano, es estar vivo.

Solamente una vez… nunca he amado en la vida… solamente una vez… nunca más… me pregunto qué se sentirá… pero también me pregunto a qué sabrá la sicuta… enygüey, para preguntas ociosas ya está Amélie.

Decidió bajarse a mitad del camino. La Ibero no es en sí el infierno infierno, es tan sólo un burdel de mala fama; insufrible, sí, pero no es la alegoría del averno.
El roedor del Monte caminaba a rastras por las rejas de los fraccionamientos semi-naices que hay en el sur de la ciudá. En sus orejas ratoniles, la chica Manson gritaba sus glorias pasadas, provenientes del Versión 2.0 (nótese que traduje el título, yea, soy un analfabeto inconsciente). Los coches apresurados, las transeuntes inexistentes… y sus pies, sus malditas patas de roedor mimado enfundadas en unos tennis ¿o zapatos? rojos.
Siempre que se topa con el fatum perverso trae zapatos rojos, es innevitable…

Heterosexual… heteroflexible… heteronominal… hetero… etereo… estero… estiercol… de la heterosexualidad a la mierda hay sólo unas cuantas deformaciones.

Alguna vez escuché, creo que en “Ladrón de orquideas”, la siguiente frase: “uno no es quien lo ama, sino lo que ama”. Y si este axioma fuera cierto, cual afirmación neta del planeta de Ruy Xoconostle (no lean su libro), me vería en la penosa necesidad de denominarme buga.
Este maldito affair por los bugas. En la bíblia dice: “Si tu mano izquierda te hace pecar, córtala… blablabla… es mejor llegar al reino de los cielos sin piernas, ni manos, que nunca entrar y tener el cuerpo completo”. Cabe resaltar mi formación con los maristas (mea culpa, memento nostrum Dei), de ahí esa maldita manía por tener a la xodida bíblia como primer punto de referencia. Enigüey, la cosa es que me debería de sacar los ojos, por andar fijándome en lo que no quiero, ni debo, ni puedo…

¿Dios?… dios…. dios nos dio la vida… ¿dios?… ¿dos?… no sólo hay un dios, único… gracias a dios hay dios… no termino de enteder eso… gracias a una malcogida hay Cobayo… ¿Pero y dios?

Ese par de ojos diabólicos. Cobayo no puede hacer nada contra ellos. Sólo pecar como sólo él sabe hacerlo. Tira la piedra y esconde la mano. Mata a su madre y la sirve en una barbacoa del diez de mayo. Decapita un pollo y se masturba… pequeñas cosas que sólo un Fray puede hacer. Fray Cobayo, hermano de la pena capital y enemigo de sí mismo, debe doblar las manitas ante un par de ojos mecánicos. Estúpidos. Estulticios. Pero tan terriblemente necesarios… ningún exorcismo basta… esos ojos le xoden la vida.

ABCD-ario… Alfa-Beta… MIER-DA…

Si en silencio puediera guardar silencio… otro sol nos alumbraría.
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