Sueños de una noche antes del verano

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Fray Cobayo sigue orando todas las noches. Su éxtasis de todos los viernes -por la noche, siempre por la tardenoche– no se han presentado. Su contacto divino se ha limitado a una voz difusa; como las que escuchaba Juana de Arco, sólo que por teléfono. Cobayo necesita ver a su Santa, estar con su Santa, besar a su Santa y escuchar sus narraciones divinas.

Sueños difusos… sueños de infusiones… sueños inferenciales… sueños diferenciales… sueños de estadística… por primera vez, los números son cachondos y dejan de ser explícitos…

Es en sueños. Supuse que el exorcismo bastaba. Incluso pensé que me deba margen para sobra. Pero ahora veo que no. Santa no se materializa, pero ese xodido par de ojos sí. Cobraron cuerpo. Les crecieron labios. Y manos, manos que se sentían como pequeñas espadas cortando la carne de cañón. Esa sentimentalidad barata, conseguible en Tepito y zonas anexas con dealers de dudosa procedencia… es oficial, necesito una buena droguiza, pero ya se me está haciendo tarde...

El II (dos romano)… el 69… el 41… número cargados de genitalidad… ¿tenían que aparecerse en el conteo de ovejas?…

La chica Cure -incha religiosa, sacerdotiza de la casa siempre risueña- ha decido emprender el vuelo a casa ajena. Deja las casitas blancas -que en realidad son departamentos- para irse a la lejana lejana provincia de Coapa. Lejos, lejos… más lejos de lo que ya estaba de su capellán Fray Cobayo. Lejos de sus brazos como gelatina sin cuajar, de sus ojos de agua sucia encharcada, de sus labios inflados, de su panza ineludible, de sus nalgas ausentes, de su pelo enmarañado, como sus ideas, como sus pensamientos, como sus acciones. Memento nosotrum Cobayum… porque la gente se mueve y a él se le van las ideas… porque la gente transita y a él casi lo atropeyan en la calle.

Sueños… los sueños de Sigumund Freud… la Necropsia a un Sueño… el fracaso económico… el pan de todos los días… la Maren… la Narvarte… Cuartoazul… ¿Por qué todos mis sueños se sueñan en pasado?

Justo cuando uno cree que ya, pues resulta que no. Y xode que te xodes, porque de nuevo estás enganchado en esa ciclicidad demoniaca que ni los más finos terapeutas te han podido corregir. Porque esos xodidos ojos… esas xodidas garras que acarician las vísceras… porque ese cuerpo tan común como corriente sigue ahí, trabado en la mente, en ese deshuesadero que ni picha ni cacha, que ni mata ni envenena, que ni separa ni clasifica… sigue todo eso ahí, ahí, cerca de los testículos de dios…

Soñar… verbo… el divino verbo… dios… ¿yo?… pretensión…. verbo otra vez… recursividad… mis sueños me introducen a esa dinámica ciclicamente perversa.

Y el Fray Cobayo sigue ahí, donde los cánones marcan, haciendo rompope y rezando cada jueves, rezando porque cada jueves sea tan sólo el pretexto para que exista un viernes…

Soñando… vivimos soñando… Los Soñadores… un trío… ¿Uno más, no garcias?… Filipo, el cualquiera… dolorcitos en el pecho… cristales rotos… ojos sangrantes… dolor ahumado… lágrimas… soñar es tan sólo morirse un poco.
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Un comentario en “Sueños de una noche antes del verano

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