Subidas y bajadas de dolores en la montaña rusa del no-amor

Estándar

El Fray Cobayo en la montaña rusa de las emociones. Lástima que todo su recorrido sea en cuesta abajo. Más rápido, más fuerte… más estúpido. Después de haber permanecdo tres horas bajo el quemante sol, el Fray Cobayo puede gozar de la eternidad que cabe en tres segundos bien alineados, uno detrás de otro. Un riel baja al abismo, el otro simplemente se pierde en la oscuridad.

Dolor… dolores…. Dolores del Río… fornicando con Frida Khalo… ¿Por qué no me vuelvo lesbiana?

No puedo evitarlo. Está escrito en mi MS-DOS personal. Soy un sistema operativo que funciona a través de la acumulación progresiva de archivos basura que entorpecen la ejecución del programa cotidianeidad.exe y del de personalidad_sana.ini . Oseasé, soy un robot programado para sentir, pero no para dejar de hacerlo. Oseasé, soy un pendejo como todos los demás. No puedo borrar ese archivo. Ese archivo que me xode. No importa cuantas rutas de acceso marque, escribe o me invente… siempre se aparecen ese para de ojos.

Dolor… doliente… pudiente… creyente… amante… mantis… mantis religiosa… religiosa… prtensiosa… ociosa… el dolor es para mi un simple pasatiempo.

El Fray Cobayo se aferra a su segurísimo cinturón de seguridad. La imposibilidad que lo mantiene dentro del vehículo… y él sin sacar manos ni piernas fuera del carrito, no vaya a ser que andar por mano larga le anden poniendo el ojo morado; de por sí, ya los tiene entre grises y verdes. El cochecito baja rápido y sube al doble de velocidad, retando cualquier ley de la física emocional. Ni la presión, ni la fricción, pueden contra la lubricidad de sus tres neuronas zarandeadas.

Dolor… la dolorosa… la virgen de los tormentos… las vírgenes suicidas… la chica Cure… la distancia… la lejanía… la imposibilidad… nada duele más que lo imposible… xódete Peter Pan.

A veces me pregunto si no será un simple y vil masoquismo para llenar el vacío que domina en mi interior. Es preferible llenar huecos a dejarlos carearse. Siempre es mejo… aunque sea con esa punzadita dolorosa que acarrean las letras de su nombre.

Dolor… dolo… culpabilidad… palpabilidad… honestidad… imposibilidad… cotidianeidad… ¿Quién dijo que la rutina no se sentía?

Y el viaje aún no termina. Los rieles de la montaña rusa del no-amor se prolongan y se prosiguen hasta distancias insospechadas. Un riel baja, el otro sube, después una leve meseta y al final un letrero que dice en construcción. El Fray Cobayo pretende disfrutarlo, pero no puede evitar cerrar los ojos. En definitiva, el Cobayo es un maricón divino.

Anuncios

2 comentarios en “Subidas y bajadas de dolores en la montaña rusa del no-amor

  1. G.A.V.

    Si y el estomago se hace trizas en esas subidas y bajadas…y mas cuando uno esta amarrado precisamente con el sentimiento este del “sacrificio azteca” cuando las damicelas se daban a huichilopotzlti (asi se escribe???)…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s