Avistamientos del tecer tipo en una mañana anesteciado por el yo más profundo

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Vello en pecho, lentes, estatura deseable, barba que dibuja un candado que no atina a cerrarse. De nuevo Fray Cobayo sentado frente a una máquina, observando de reojo a la presa de un futuro indecible… indeseable, tal vez. Fray Cobayo retorna a lo suyo. Suma, resta, multiplica y astrolábicamente intenta sacar promedios. Las ciudades invisibles y La Naranja mecánica en sus bolsillos, esperando un rato de ocio insano para ser leídas. Que la santísima vasca bendiga las ediciones Millenium de $24.50 pesos.

1.- Lo único bueno de no despertar, es que puedes seguir dormido. Lo malo, es que sólo despierto aprecias lo reconfortante que es estar dormido.

No es que cierre puertas, es tan sólo que las ventanas están trabadas. Me levanto de la cama y me oculto debajo de la mesa, abro la puerta del zaguán y resulta ser la del closet. Me meto a bañar y me descubro nadando en el WC. Cierro los ojos y me doy cuenta de que no estoy despierto. Cierro la puerta y el aire aún entra. La música escapa del reproductor apagado y una intensa neblina me hace ver mejor las cosas. Estas son las ventajas de estar cordialmente adormecido, anesteciado para la vida.

Anestesia… Anastacia… inconstancia… inconsistencia… Estos días inconsistentes se sudecen como fichas de dominó. Uno detrás de otro, empujando al otro, siendo empujadas por otro.

Fray Cobayo no pierde momento para observarlo más de cerca, para mirarlo un poco más que de reojo. No tiene ganas de sonreirle. Fray Cobayo no es de esos… tampoco tiene el valor necesario. Fray Cobayo no cumple los prerrequisitos para el ligue… y así es mejor. Siempre es mejor… con su ceguera miope y su anorexia de consciencia es posible que erre en dar justo al centro de blanco. Fray Cobayo siempre en la periferia… en la periferia de lo bien visto… de lo decente y humano… Fray Cobayo, animal de barbaridades calladas, discretas, sordas, como ruiditos de patas de hormiga a mitad de la noche. Fray Cobayo con binoculares, siempre al acecho de traer el corazón roto.

2.- La anestecia es eficaz siempre y cuando no te des cuenta de que estás anesteciado.
Es verdad, no lo pierdo de vista. Pero sí lo pierdo en la consciencia. Dejo a mis ojos pasear por su rostro, un poco rojo, un poco hirsuto. Detengo la mirada en sus cabellos engelados y en los pequeños picos disparejos que forman el copete. Trato de mirar sus ojos a través de los lentes, de distinguir las pupilas detrás de la cara. Pero sólo veo una imagen holística, producto de este caos que llevo adentro y que eufemísticamente es nombrado como el “ser” más profundo. Eso yo que está todo el tiempo drogado y que, en mañanas como hoy, sale a dar unos cuantos borrachazos.

Anestesia… parestecia… anorexia… dislexia.. catexia… Apenas me estoy fijando en algo cuando ese algo ya se escurrió por el sentido contrario.

Fray Cobayo sigue observando. Toma sus cosas y se va… tan sólo un avistamiento del tercer tipo: “el inútil”.

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2 comentarios en “Avistamientos del tecer tipo en una mañana anesteciado por el yo más profundo

  1. oh maravilloso descubrimiento!!! shiva tiene un lado amable, y suena tan lindo. ay cobaayin, lo que provocas en tu sufrida inocencia. bravo!ame tus pasitos de hormiga en la noche, y te doy toda la razon en que solo despierto aprecias lo bueno de estar dormido. chin, otra de esas paradojas existenciales.saludinis

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