Viernes de todos los viernes

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Y de repente suena The Cure. Fray Cobayo caminando sin dejar huella, cansado porque es viernes, cumpliendo la manda de penitencia que le otorga el pecado de ver y tener a su Santa entre los brazos, entre los labios, entre tendón y tendón del cuerpo. El silencio entre nota y nota se dibuja en neones de colores pastel. El tráfico como oleadas que crecen y decrecen. Y la noche frente a él, sobre él, en él y por él. Como un padrenuestro que se repite sin sentido, como un mantra bobo que no para de repetirse… como la vida de Fray Cobayo.

Y después de toda la tormenta la calma llega insatisfactoria. Porque aunque haya cabado el semestre la agende sigue llena y el tiempo no termina. Necesito vacaciones de esta vida. Irme a un no-lugar… pero no he podido hacer mis reservaciones. Ahora sólo me queda dormir como mecanismo de defensa, como tenue suspensión de estar vivo.

Dormir… ir… y no llegar, no llegar a ningún lado… porque la verdad, no hay motivos para moverse.

Fray Cobayo observa de nuevo la lluvia caer. Fuma un delicado, bebe cocacola y espera dormir pronto...
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