Lecturas apócrifas en un mar de aplausos tangibles

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Lecturas. Aplausos frenéticos. Temo hacerme adicto a los aplusos. Triunfar es fácil, lo culero es sobrellevar el fracaso. Piden el cuento leído y un autógrafo, una dedicatoria. Lo concedo. Sigue escribiendo, dicen. Lo dicen como si fuera un estímulo, como si aún estuviera en la cuerda floja entre escribir y no hacerlo. ¿Hasta cuando le verán a uno la cara de escritor? Supongo que vendrá con los años y con pinches currículos timbones. ¿Hasta cuando uno tiene el privelegio de ser lo que siempre ha sido? Por favor, alguien avíseme cuando yo sea. Porque supongo que uno no se da cuenta. Realmente temo la adicción a los aplausos. ¿Será irracional la fobia? Tal vez sólo soy adicto a tener miedo. Pero los aplausos, los malditos aplausos hacen que noches de desvelo e interminables neurosis perfeccionaistas se vean justificadas. Aunque nunca termino de corregir. De nuevo les encontré errores. Pero la cruel realidad, es que me de hueva meterles mano. Son amantes viejos, cansados. Tan sólo cuento la historia de nuestros amorios nocturnos, de nuestra breve estancia en el mundo. Ellos no se marchitan, soy yo el que se va muriendo. Y cada día los leo más jóvenes, más imperfecto, menos inmaduros. Supongo que nacieron viejos y moriran jóvenes, todo lo contrario a mi cuerpo endeble. Me sorprende que dos de tres aún hagan reír. No pierden su efecto. “La pierna de la reina” y “Mi perrito suicida” parecen poseer ese punch que no se olvida, que no envejece. Temo el día que no saquen una sonrisa, una carcajada discreta. Temo que su caducidad llegue. Y al mismo tiempo quiero olvidarlos, reemplazarlos, cual mujeriego estúpido que soy. Apenas termino de seducirlos cuando ya quiero nuevas tintas y nuevas carnes. Supongo que es mal de familia. Por lo mientras, me quedo con esta satisfacción de corto alcance, con esta sensación de, por lo menos en algo, funcionar moderadamente.

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3 comentarios en “Lecturas apócrifas en un mar de aplausos tangibles

  1. Creo entender muy bien su sentimiento, lo acompaño y me solidarizo…ahora no vaya a romperlos por no ser perfectos, yo cometí homicidio con algunos y ahora me arrepiento, solo me queda una pregunta: si no los hubiera roto…¿donde los hubiera guardado?

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