Extrañas auscensias de melancolía con síntomas nostálgicos

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Por lo general, después de las marchas, me invade cierta melancolía. Cierto hastío o desesperación… qué se yo. Ahora sólo hay cansancio. Y al expectativa de saber cómo mancillarán los medios los propósitos de la marcha-carnaval de este año.

Escucho covers de Peral Jam. Tributos a otras bandas. Los escucho y extraño a Jade. La imagino sentadita, en su nueva casa (que aún no conozco), fumando un cigarrillo hasta los huesos. Sentada con las piernas cruzadas y un libro por toda compañía. Mi niña crecida con sus amigos imaginarios; amiguitos muy sanguinarios, tal vez más que Fray Cobayo, el Cualquiera (leáse Filipo), Carita, Karlix o el ex-mardio Camello. La imagino y me siento imposibilitado para pensarla entre mis brazos, cubriéndola de besos y caricias y susurrándole al oído que todo está bien, que todo estará bien… o recostado junta a ella, abrazándola y contándole anécdotas de cómo será (¿sería?) nuestro futuro, rentando un departamento entre los tres, en la colonia Roma. Los tres que ahora somos dos. Porque el Cualquiera no responde, porque el Cualquiera no llama, porque el Cualquiera, el Cualquiera decidió que eramos más dañinos que la soledad…

Extrañé a Santa, porque está en el Defe, a Lisandro, porque está en España, a Ome, porque está en Córdoba. Los extrañamos Anafilia y yo. Yo y Anafilia. Extrañamos sus caras, sus labios, sus manos, sus nalgas y señas particulares. Sólo éramos Anafilia y yo, sosteniendo una manta, caminando casi al frente de toda la marcha, gritando consignas; ora en voz alta, ora en voz baja. Me vale madres lo que se diga, me vale madres que se piense que es exhbicionismo. ¿Por qué los xodidos zapatistas, Lopezobradoristas, ciudadnos contra el crimen, la guerras y demás bisrusterías no son llamados exhibicionistas? Esto, esto fue un carnaval político. Y ya… a quien no le guste, que cierre los ojos y piense en otras cosas.

Extraño a la Niña Murciélago. El Lobo en Cojutla, la Niña en su casa, sin conectarse a internet. Los extraños porque en estos momentos extraño a todos esos entes que configuran mis días, mis vidas, mis devenires. Esos entes de los que -no temo ni me avergüenzo decirlo- dependo. Extraños extrñables… disidentes de un mundo normal, patriotas de una nación extraña. Escribanos de crueles fantasías y fantasiosos monstruos de peluche. Entes dignos de ser extrañados en una noche tan extraña, tan sin melancolías, tan sin tantas cosas.

No es que la soledad pese, es tan sólo que aburre. Gloria, cuando se aburre, coge. Pink, cuando se aburre, mata. Marcel jamás se aburre. Trufas está todo el tiempo furiosamente aburrido, harto de estar harto. Anónimo no se aburre de Mateo. Y Mateo tampoco de Joaquín. Y Joaquín, Joaquín tan sólo se droga mientras conduce su Seat a toda velocidad por calles sin nombre y avenidas de muchas letras… Peral Jam, Peral Jam no me aburre.

2 semanas menos de este intento de cursillo de verano. Faltan otras 4. Sobreviviente soy.
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