Viejos recuerdos en aceite hirviendo

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Pues don Buguísima y compañera Equis siguieron con sus jueguitos. Insisten en tenerme ahí. Pero yo insisto en no meterme. Don Buguísima está bastante feo, y compañerita Equis… pues, pues, pues ya no la veo con tan malos ojos. La verdad sea dicha, sus tetas, que al principio no me gustaban, ahora como que ya les empiezo a tomar cariño… no sé, no están tan blandas como suponía; todo lo contrario. Pero nel, no, no, no y más no. Guácala de pollo meterme en esos líos.
Como sea, creo que el verano me está pegando duro. Después de bastantito tiempo sin hormonas, las muy cuzcas han regresado bastante cabronas y reloadeadas (leáse: estoy bien caldufas).
Ya hasta estoy considerando meterme con la Freddy… y eso sí que me da miedo. ¿Esa no la he contado, verdá?
Pues corría cierto año pasado, y yo bebía alegremente cual cozaco en una de las retebonitas fiestas de psicología. El karako estaba encendido y la Freddy lo acaparaba vergonzozamente canturreando las divertidísimas canciones de la Academia (el muy enfermo tiene tooodos los discos y las pistas para karaoke). Bueno, pues la cosa es que una de las tantas Marianas (ya son demasiadas) me dio a beber una mezcla bastante asquerosa, pero muy empedante, de licores baratos. Y cual huesped honorable, la bebí. ¡Y salút! No me empedé, pero la calentura se me subió hasta las cejas. Por aquellos días extraños, yo era alumno de la Freddy… y pues cómo negarlo, era el consen. Pasé toda la noche tratando de no escuchar su aguardientosa voz mientras cantaba “Míoooo, ese hombre es míoooo” y de sobrevivir a las inteligentísimas conversaciones de un amigo del novio del primo de una amiga, sobre si eran mejor las viejas con tetas grandes por aquello de “las rusas” (coincidimos en que sí, que eran mejores). Bueno, pues cuatro tequilas después, seguía sobrio… entablado más bien, por lo que empecé la árida tarea de bucar a alguien que tuviera mota. Y para varias, los muy pinches codos no quisieron sacarla. Como sea, en uno de esos viajes petitorios, me tope cara a cara con la Freddy, que me abrazó (ya bastante ebrio) y empezó a besuquear mis holgados cachetes ratoniles. Yo me intenté apartar lo más políticamente que pude. Pero no lo logré. Después de todo, seguía siendo mi “profesor” y temía caer del pedestal en el que me había trepado (yo, llegar a clase de 7… ¡jamás!) y, por lo tanto, perder los muchos privilegios que tenía. So, cual fichera barata, me quedé ahí, sonriendo mientras cantaba y me plantaba coquetos besos de borracho. Mariana (una de tantas) corrió a mi rescate y me sacó de sus brazos. Entonces fui feliz. Le robé una cajetilla al novio de la amiga de quién sabe quién y me puse a fumar como chacuaco y comencé a beber vodka. Y de nuevo, fui feliz. Pero, como todo en mi vida, tenía que acabar extraño. Llegó la hora de despedirno (me iba con una de las tantas Marianas) y llegó el momento de despedirme de la Freddy. Y oh, oh, oh… me plantó un beso… beso que activó algo en mi cerebrito podrido y causo una calentura aún peor… y entonces yo respondí el beso. Y empezamos algo así como un faje moderado en plena sala. Cuando em despegué, pude notar las miradas ebrias y sorprendidas de todos mis compañeritos. Dije hasta luego y salí graciosamente. Pero, oh, oh, oh, junto a la puerta de salida, estaba la del baño, a la cual me empujó la Freddy. Y zaz, zaz, zaz (¿yacuzaz, yacuzaz, yacuzaz?), empezamos ahora sí el faje y un conato de sexo oral. Pero entonces me entró la moralina y me lo quité de encima, subí mis pantalones y salí corriendo, ante la mirad de todos mis compañeritos.
Ahora ese es chisme viejo…
Pues bueno, estoy tan caliente que ya hasta mano del Freddy quiero echar… so, me encerraré en mi cuarto y no saldré en unos cuantos días.

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2 comentarios en “Viejos recuerdos en aceite hirviendo

  1. Wey… no mames, la hormona es la hormona… pues mijo, busque dónde cómo y un quién más o menos decente… ese tal Freddy no… ningún fan de la Academia merece respeto… además, por Dios, mantén intactos los hilachos y colguijos que aún mantienes de tu roída dignidad. No seas como yo que pierdo la dignidad tan fácil como pierdo la ropa.

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