Crónica del fin de un mundo

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Ok, la cosa estaba así: cuatro lesbianas de closet bailaban como teiboleras en lo que parecía ser una especie de bar decadente con vista al zócalo de la perdida ciudad de Puebla. Yo era la quinta lesbiana. Me conformaba con mirarlas desde la periquera. Ajá. Sea como haya sido, ellas estaban mucho más ebrias que yo. Sólo sé que en cuanto se me terminaba una chela, ya había otra para remplazar su helada prescencia entre mis manos. Nada del otro mundo. Poco a poco el antrucho se fue llenando de zocaleras y otros chichifoides con ropas ajustadas y pelos engelados. Las danzas típicas al son de Britney Spears no se hicieron esperar. Chun chacha chán. Supuse que era el fin del mundo. Pero no lo fue. Salimos, ahora sí, medio ebrios; bueno, ebrias. Y la lesbiana más flaquita nos llevó a todos en su coche; bueno, a todas. Zum zum zum. Nada del otro mundo. Condujo como fiera la muy cabrona. Temí por mi vida; bueno, no tanto, pero sí se me frunció el asterisco en dos pequeños conatos de choque.
Ese fue ayer. El viernes fui con los de siempre al mismo lugar de todos los viernes. Nada espectacular. Pero reímos bastante. Aunque claro, eso a nadie le importa. Hicimos planes. El sábado que viene saldremos al Pulque para dos. Y nos pondremos hasta las manitas. Bueno, eso dicen. La verdá sea dicha, pocas veces lo hemos hecho… y casi todas terminan en la cama; somos un grupo compacto. Ajá. También habrá una droguifiesta. Pero esa es privada. Shhh. Como sea, tampoco pasó nada interesante.
Ahora, regresando al barsucho en una tarde de lunes: dos lesbianas del grupo se coqueteaban. Aunque a mí me parecieron fajes. Como sea. La cosa es que una es amiga de la peor-es-nada de Lesboña. Y la otra es la ex. Umh. La cosa es que se iban manoseando en el coche. Y yo junto a ellas, sintiendo sus roces. ¿Habrá sido una invitación? No lo creo. Lo que importa es que me andaba del baño. Osea, quería ir a orinar. Nada del otro mundo. No fui en el bar ese porque me dio cosita. Está muy cerdo. Además, las jotitas me veían demasiado. No creo que les haya parecido un adonnis; pero por lo menos algo digerible sí. Así que preferí evitar momentos pocos gratos.
Hoy, como a eso de las tres pe-eme el teléfono volvió a cobrar vida. Eso fue bueno. Llevaba más de cinco días sin escuchar el tono de marcado. Suspiré con alivio. Mañana me voy a México. Nada interesante. A ver qué pasa…
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