Gloria

Estándar

Al principio me daba miedo, pero con el tiempo le he ido tomando confianza. Y es que no sabía qué pensar de ella; apenas la conocí por ahí de enero y ya me estaba hablando con excesiva naturalidad y confianza, como si fuéramos viejos amigos… o peor aún, viejos confesores.
Estaba sentado en una marisquería junto a la playa; de “la Ropa”, la llaman. Estaba lloviendo, no muy fuerte, pero sí lo suficiente como para tenerme ahí, encerrado casi al aire libre, con una cerveza Indio en la mano y releyendo viejos apuntes de mi mamona libreta sagrada.
Simplemente se paró en frente de mí, con su traje de baño completo, pero a la vez demasiado revelador; no sé, como que muy al estilo de Pamela Anderson en “Bay watch”. Traía lentes negros y un bolso de playa pequeño, con cristales adheridos a la tela.
“¿Hay lugar para el pecado?” dijo. Yo sólo afirmé con la cabeza y torpemente le señalé la silla que estaba frente a mí. Por supuesto, se sentó mucho antes de que yo reaccionara (soy un poco lento) y sin pedirme permiso tomó mi cigarrera y sacó un Faros con filtro. Como pude agarre -tembloroso, claro- el encendedor y lo encendí para ella. Me sonrió con el cigarrillo apretado entre los labios y me quitó de un manazo el BIC verde encendido. “Dama… no lisiada” balbuceó solteando el primer humo del cigarro. “¿Ya te conté de cuando iba a la Ibero?”. Negué con la cabeza. Y empezó a hablar; de todo, menos de su estancia en la Iberoamericana de Santa Fé. Porque así es ella. Habla, habla, habla y sigue hablando. Nunca te deja decir nada, a menos que desee oírte repeitr algo. Así es ella. Y no todo lo que cuenta es verdad; como que tiende a exagerarlo todo, y a polarizarlo también. Con ella sólo hay weyes buenísimos u horribles, millonarios o mendigos. No conoce los puntos medios ni los matices. Y su percepción está algo dañada. Es lo que en psicología llaman una erotómana; siempre cree que todo mundo quiere tener algo con ella. Y lo acepto, a veces es algo insportable; pero nunca he podido negarme a sus caprichos.
Cuando quiere hablar, habla; no le importa que no puedes ponerle atención, ella sólo habla. Y te cuenta todo, con pelos y señales. Sobre todo cuando narra sus episodios de cama. Pero eso sí, jamás da nombres; y no porque sea precavida, respetuosa o algo por el estilo, sino porque olvida los nombres. A todos los llama cerdos. Que si el cerdo alabañil, el dentista, el psicólogo. Todos somos cerdos para ella. Por eso digo que su percepción anda medio mal. Pero como sea, eso no importa. Siempre es un placer para mí escucharla.
A veces tomo nota de lo que dice, casi siempre textualmente. Porque a ella le encanta eso. Le gusta ser el centro de atención siempre. Y por lo general, lo és. Digo, es difícil ignorar a alguien como ella… no te lo permite. Y si te ve escribiendo empieza a hablarte más lento, para que puedas anotarlo todo.
Le encanta usar modismos fresas; bueno, ella es muy fresa… y le gusta serlo. Ya algún día de estos transcribiré algo de lo que me cuenta, de sus prostiaventuras, como ella les llama. Es tan sólo cosa de que ella quiera.
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4 comentarios en “Gloria

  1. naaaa, pinche vieja, lo que quiere es que se la cojan….o por lo menos es lo que se quiere imaginar…. parece que le es más insoportable el sentirse ignorada que acosada. La mejor forma que tienes para mandarla a la fregada es ignorarla. Pero si se trata de un proyecto científico y quieres analizarla. Pues….chingue a su….

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