Perfiles de la noche

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Hay noches que son pesadas, densas, prácticamente asfixiantes; muy calladas y llenas de viento, repletas de silencio dentro de la cabeza, de ruidos que conforman el lenguaje de las paredes, de las puertas que se abren y se cierran, de las ventanas que vibran, de los objetos que -sin explicación alguna- caen al suelo, como hechizados, como embrujados, como si tuvieran vida propia.
Esta noche se perfila para ser una de ellas.
Recorro la internet como si caminara a tientas por pasillos oscuros. Leo blogs, abro páginas al azar, busco pornografía que no revela nada nuevo: que no me hace sentir nada nuevo. Fumo, tomo agua simple y espero… espero a que la noche pase, a que las primeras horas del alba lleguen, a que aparezca un nuevo sol destruyendo el horizonte; quemando el horizonte.
Me descubro rodeado de libros y fotografías viejas, repletas de personas sonriendo y pasando sus brazos al rededor de mi cuerpo. Los veo ahora y me parecen desconocidos, como personajes de novela. Leo sus nuevas actualizaciones en los blogs que mal que bien mantienen. Y los siento ajenos, porque en sus letras no aparece mi nombre ni referencia alguna que marque mi prescencia en su vida. Los leo enamorados, preocupados, expectantes… recibo mensajes de celular que no me dicen nada, salvo la distancia que nos aleja cada día un poco más.
Busco anotaciones en mi libreta, rastros, letreros o señales que me digan en qué punto me encuentro. Pero sólo encuentro divagaciones simples, comentarios para las novelas y una que otra anotación que termina en: “hoy me siento un poco más vulgar y superficial que otros días… y creo que así está bien”.
Desperté hace algunas horas. Prendí el televisor y sintonicé Los Simpsons. Mientras los veía Jade marcó mi número varias veces; pero cuando contestaba, ella colgaba. Así que marqué… y creo que no debí hacerlo. Porque escuché su voz de muñeca rota, quebrándose en la casa del gran sádico que ama; de su adolescente inútil, inservible y deleznable. Entonces hice corajes y emposté la voz para que no se diera cuenta. Colgué sintiéndome más vacío, más perenne y vulnerable al mismo tiempo. Sonriendo de tan roto que estaba por dentro.
Supóngome que todo es parte del principio del próximo síndrome de abstinencia. Pero tengo suficiente droga para olvidarlo, para callarlo, para poder quitar todos los espejos y las fotos de las paredes.
Hoy Santa me negó el privilegio de verla. Así que dormí toda la tarde, tratando de olvidar que existían las horas. Desperté con asco y necesidad por un poco de afecto. Por eso prendí la tele y apagué las luces. Por eso ahora recorro los pasillos de esta casa y no encuentro nada… nada que valga la pena cargar para continuar el viaje.
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2 comentarios en “Perfiles de la noche

  1. Me despierto a las 8:23 h. Mi boca sabe a café y a toxinas bacterianas. Desearía estar dormido. Desearía poder hacer mutis. Callar hasta que los eones terminen de pasar. Callar hasta que el universo se enfríe. Callar porque duele mucho lo que terminaré diciendo de todos modos.¿Cuál es su celular? Envíeme el número a inhomoveritas@gmail.com

  2. Ok camarada, mi madrugar de hoy fue algunas veces más decadente…Y tengo que estar en Puebla con el cuerpo maltrecho dentro de algunas horas, también debería estar en Veracruz, pero todavía no aprendo eso de la omnipresencia…

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