De las sutilezas

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Cuando mi madre se percató de que preparaba atún para comer, salió corriendo a la panadería. Regresó con varios bolillos y una empanada que comió mientras platicaba conmigo. Siempre suele comer algún aperitivo. Al terminarla, se retiró a su cuarto pretextando ya no tener hambre. Me sentí ofendido: la empanada era de atún.

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