Del futuro

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Sigo sin encontrar mi rumbo, perdido en la inercia de sobrevivir al día a día. Mi vida comienza a convertirse en todo lo que no quiero. Y, a estas alturas del partido, no sé qué hacer. Vivir de la enseñanza se me figura una labor imposible. Mi sueldo es muy bajo y apenas si puedo con cuatro materias. Creo que no estoy hecho para lo docencia. Pero ha sido lo único que he hecho en toda mi vida. Tal vez sea hora de ampliar mis horizontes, aunque de principio no sepa cómo hacerlo. No puedo esperar hasta el doctorado para vivir mi independencia, y no creo aguantar otro semestre más así. Hay que hacer algo, aunque como ya dije, no sepa aún qué sea. Creo que estoy dispuesto a dejarlo todo por una nueva vida. Habrá que buscar entre escondrijos y fracturas un huequito en el que yo quepa. Mientras tanto…

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De los últimos días

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La vida off line ma ha tragado en su vorágine desesperada. He tratado de mantenerme fiel al blog, tratando de encuasar por aquí todas mis desesperaciones cotidianas. Escribo pequeños posts en servilletas y libretas usadas, pero siempre llega la noche demasiado temprano y el trabajo no amaina. Postear se ha convertido en un arte imposible. Tampoco he trabajado mucho en lo que realmente me interesa. Aún no le agarro la onda a este nuevo estilo de vida. Espero pronto postear algunas de las cosas que tengo escritas en diversos lados. Por lo pronto sólo me queda trabajar pensando que cada día me acerca un poco más al fin de semana.

De no volver a verte

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¿Me dejo llevar por el Ovni o me quedo? // Cortes�a de la Revista DUDA

“Amo sin esperanzas, y sé que si hago lo que dije, la amaré mil veces”.

Fiódor Dostoievski // El jugador

El viernes te volví a ver, y no quería hacerlo. Porque al verte de nuevo, volví a sentir exactamente lo mismo que no he dejado de sentir desde el primer día de haberte conocido. Creo que así será siempre. Y eso me turba. Lo único que puedo hacer, por el bien de ambos, pero más por el mío, es intentar, de nuevo, no volver a verte.

Del primer amor

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Dicen que el primer amor nunca se olvida. Y creo que es cierto. Hoy es la fecha en que me sigue emocionando encontrarme con algún texto de Franz Kafka.  Antes de Mario Bellatin, Marcel Rodriguez Loreto o Juan García Ponce, existió Kafka en mis anaqueles. Devoré gran parte de su obra en menos de un año, y hoy es la fecha en que sigo disfrutando a horrores “La Metamorfosis”. Por ello, mi sorpresa fue máxima cuando me topé con esta joyita de la animación. Ahí les va:

De las quejas

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Me he quejado hasta decir basta de la Ibero. Y no es para menos, las condiciones laborales cada semestre son peores para los profesores de asignatura (perdón, ya no hay profesores de asignatura, ahora somos: “prestadores de servicios”, cual vil sexoservidora). Sin embargo, mi nuevo sitio de trabajo es aún peor. ¡Me contrataron a una semana de que empezara el curso! Pero eso sí, me piden certificado médico, copias notariadas y una amplio abanico de documentos originales quesque “para escanearlos”. Las instalaciones están de telesecundaria suburbana y, según me dicen los otros profesores, a los alumnos no se les puede exigir tanto como a los de la Ibero, porque nomás no dan el ancho. Lo único bueno es el sueldo… y mi patrón, que está ligeramente apetecible (siempre he sido de gustos extraños). Ahora no queda más que preparar clase y prepararse para lo inesperado. Todo sea por poner la comida sobre la mesa. Por eso, poniéndolo en perspectiva, la Ibero no es tan mal lugar para trabajar.