De las quejas

Estándar

Me he quejado hasta decir basta de la Ibero. Y no es para menos, las condiciones laborales cada semestre son peores para los profesores de asignatura (perdón, ya no hay profesores de asignatura, ahora somos: “prestadores de servicios”, cual vil sexoservidora). Sin embargo, mi nuevo sitio de trabajo es aún peor. ¡Me contrataron a una semana de que empezara el curso! Pero eso sí, me piden certificado médico, copias notariadas y una amplio abanico de documentos originales quesque “para escanearlos”. Las instalaciones están de telesecundaria suburbana y, según me dicen los otros profesores, a los alumnos no se les puede exigir tanto como a los de la Ibero, porque nomás no dan el ancho. Lo único bueno es el sueldo… y mi patrón, que está ligeramente apetecible (siempre he sido de gustos extraños). Ahora no queda más que preparar clase y prepararse para lo inesperado. Todo sea por poner la comida sobre la mesa. Por eso, poniéndolo en perspectiva, la Ibero no es tan mal lugar para trabajar.

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