De vodka tonic

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Vodka tonic. Las mejores historias siempre comienzan así. No suelen ser heroicas. Ni poéticas. Pero son mis historias. Como ya dije antes, vodka tonic. Esperando en la barra tuve una visión; la más hermosa de todas. De cuerpo bien formado, pelo quebrado que se remolina sobre sí mismo y una barba espesa recortando el filo de su cara. Mi primer impulso fue tomarlo del brazo y detenerlo; pronunciar mi nombre y sonreirle con el cuerpo. Pero vodka tonic. Aún esperaba a que el barman me sirviera y no podía desatender mi puesto. Ahora sí, vodka tonic. Le di un sorbo y lo busqué entre la gente. Nada. Regresé a la mesa de Begoña y la nombré mi puesto de vigilancia. Desde ahí peiné el lugar con la mirada. Nada. Decidí darme una vuelta por todo el antro. Di más que una, fueron varias. Y él, por ningún lado. De nuevo vodka tonic. Esperando en la barra tenté al destino; tráemelo, yo haré el resto. Alguien rió; después entendí por qué. Vodka tonic otra vez. Las bebidas se sucedieron rabiosas. Frenéticamente di vueltas en su búsqueda, regresando de vez en cuando a mi puesto de vigilancia (la mesa de Begoña). Bebí hasta donde mi presupuesto lo permitió. Vodka tonic no más. El resto de la noche robé bebidas a las mesas vecinas, hasta alcanzar el dulce estado de la embriaguez. No le di mucha importancia a los acompañantes de Begoña. Mozalbetes universitarios que se alocan con Paulina Rubio. Yo buscaba algo más, una visión, un milagro. Fue entonces que lo vi, a mi lado, sonriente. En ese momento besó a su pareja; amigo número dos de Begoña. En ese momento deseé más que nunca un vodka tonic. Tan cerca, tan lejos, toda la noche a mi lado, sueño imposible. Reí, entendí que quien reía junto a mi en la barra era el destino. Pedí dinero prestado y… vodka tonic otra vez.

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10 comentarios en “De vodka tonic

  1. anafilia

    Que puedo yo decir, que espero tenga mas suerte pa´la proxima, y que siga divirtiendose, yo aun no tengo historias asi aun pa contarle, mmm…. un beso enorme, y suerte!!!!!!

  2. No entiendo lo del Vodka Tonic, nunca he probado el alcohol. Pero vaya que conozco bien esa risa medio burlona, medio sardónica, del destino. Sobre todo cuando de emparejarse con alguna visión angélica en lugarcitos como antrillos se trata.

    A darle a la vida; en una de esas el destino se ríe contigo y no de ti, y te entrega ese milagro de barba a medio recortar y de cabellos revueltos que has estado esperando.

    Y en una de esas me entrega a mí el príncipe que me conquiste con tulipanes morados. Uno nunca sabe.

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