De las sorpresas

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La vida da sorpresas, eso es un hecho. De las agradables, pocas. El sábado pasado volví a estar tras la barra, destapando cervezas y sirviendo bebidas. A veces creo disfrutar más mi trabajo de barman que el de maestro. La sorpresa de la noche fue un buen mozo de barba de candado y pelo despeinado. Su nombre es corto y suena fuerte; al pronunciarlo primero sacas los labios, como a punto de dar un beso. Después sacas la fuerza del pecho para expulsar un poco de aire. Sus ojos son de color oscuro pero con una tonalidad clara que deslumbra cuando les da la luz. Con él me fui a tomar un café después del trabajo, a eso de las tres de la mañana. Fuimos a un Vips de 24 horas y desentrañamos pequeños misterios de la vida cotidiana. La mala nota, que tiene pareja. Sin embargo no puedo negar que quedé maravillado ante él. Escribo escueto debido al trabajo, ya otro día relataré con más calma cómo pasó lo que pasó. La vida tiene sorpresas, buenas sorpresas…

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