De los abandonos

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Ignoro cabalmente si después de dos años de psicoterapia soy o no una persona más sana. Lo cierto es que la he abandonado como quien se quita un mal hábito de encima. También he reducido por cuenta propia las dosis indicadas por el psiquiatra. Me he recetado un poco más de vida y las cosas no han resultado tan malas como ellos lo pronosticaban. Dicen que juego con fuego, pero Oscar Wilde decía que cuando uno lo hace, se termina por aprender a no salir quemado. Y tal vez tenga la razón. No puedo negar que los tratamientos han funcionado, y tampoco que he puesto mucho de mi parte. Pero ya estoy harto. No ha sido una desición impulsiva, aunque reconozco que he meditado más seriamente cuestiones menores. Creo que estoy listo para rodar sin llantas de seguridad, aunque a los tres meses me caiga. No puedo negarlo, tengo miedo a una recaída. Pero debo hacerme a la idea de que la distimia es un padecimiento crónico que sólo puede ser controlado. ¿Y dónde más va a estar el control que en mí mismo? Sé que los periodos de honda depresión serán inevitables, pero también lo serán los de la dulce lucidez y la cordura. Me aventuro a una nueva etapa, de eso no cabe duda. Me propuse que el 2008 sería un año sin psiquiatras ni terapeutas, y sigo con el pie en lo dicho. Sólo espero haber aprendido algo de estos dos monstruosos años, porque a bien sé que no escarmiento. Mientras no pierda a mí mismo, las cosas seguirán marchando. Que así sea.

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3 comentarios en “De los abandonos

  1. Mi querido Cobayo,

    Con paso firme y con harta precaución. Yo llevo ya 9 años limpio. Y se siente bien. A veces de la chingada, pero otras, muy bien.

    Todo es cosa, como bien lo dices, de medir la dosis.

    Un abrazo grande desde el exilio.

  2. K.

    Vender conchitas en Tlaquepaque suena bien, mas, ¿de dónde sacaremos las conchitas?, suena a mucho problema. Mejor dejémoslo en el plan original. Y no he estado conectado por razones ajenas a mi voluntad. He muerto, resucitado y reencarnado en un defeño enclenque y sin fuerza de voluntad, con su permiso, regresaré a mi posición de flor de loto a esperar mi momento de comunión con el absoluto.

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