De los noventas

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Uno sabe que ha envejecido -al menos musicalmente-, cuando la mayor parte de su acervo discográfico pertenece a los 90’s. El contacto con las “nuevas generaciones” (que son más bien un re-make de las viejas) resulta esclarecedor en este sentido. Ninguno de mis alumnos recuerda haber escuchado nombres como The Cardigans, Portishead, R.E.M., Depeche Mode, Weezer, Hole, Garbage o incluso The Cure. Ya ni se diga David Bowie, The Rolling Stones o los Beatles (¡ni siquiera los Beatles!). Si alguno de ellos se asomara a mi I pod quedaría horrorizado ante la ausencia de Nelly Furtado, Fashionista, Nigga, Daddy Yankie o Shakira.

En algún momento de mi desarrollo musical me quedé estancado en los 90’s. Mis coetaneos hablan de los Yeah, yeah, yeah’s, Franz Ferdinand y un sinfin de grupos y solistas que desconozco. He escuchado muy poco, pero lo poco que he escuchado no me ha llamado la atención. Algunos me sugieren virar a lo indie, pero lo más indie que conozco es Jimmy eat the world, y creo que ya ni lo es. El dream pop no me pareció tan desagradable, pero Stereolab terminó mareándome después de escucharlo por varias horas. El electro-tango es divertido, pero después de un rato comienza a volverse tedioso -salvo Gotan Project, que la verdad me mola mucho. El pop, ni hablar; no me llama la atención y la rima fácil y pegajosa me fastidia.

Gran parte de mi “atraso” (es que acaso vamos hacia algún lado) se debe a mi falta de interés genuino por la música. Internet ofrece una amplia gama de posibilidades, pero mi psicastenia ha sido enorme. Sin embargo, pienso enmendarme. ¿Alguna recomendación para un noventero perdido en el nuevo siglo?

De las ausencias

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Mi ánimo en las últimas semanas no ha sido el mejor, pero por lo menos ha sido estable (¡Gracias Geodon!). Me he convertido en un buen trabajador y un impecable alumno de la maestría (comienzo a darme asco). La mayoría de mis amigos ha tomado dos grandes caminos:

a) Los que llevan fuera de Puebla (un aplauso para ellos).
b) Jugar a la casita con sus respectivas parejas.

Y no se me malinterprete, me hace feliz saber que o están en un mejor lugar (fuera de Puebla el pasto es más verde) o bien acompañados viviendo una nueva y fructífera experiencia. El caso -o al menos lo que me atañe de dichas conductas- es que en ambas situaciones el nivel de incidencia de “estar con el Cobayo” es nula (y miren que en mi ociosidad he sacado la media de momentos acompañados: 2.1% de mi vida cotidiana). Todos los que se han ido se han llevado un cacho (algunos literalmente) de mí. Así que por ahora tengo un hueco de dos dedos para arriba y tres a los lados que no se llena con alcohol (pero lo seguiré intentando). Dicen que es el momento de hacerse de nuevos amigos, o quién sabe, tal vez, incluso, de una pareja (peligro doctor Robinson). Pero lo cierto es que eso no ha pasado… [insertar un suspiro] supongo que seguiré leyendo a toda hora, durmiéndome temprano y bebiendo solo a lo largo del día.