Del pasado y presente

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Hace tiempo, platicando con K., caí en cuenta de lo difícil que es para el ciudadano común saber para qué sirve el trabajo del historiador. La acepción más común es la más trillada y elemental de todas: “conocer los errores del pasado para no cometerlos en el futuro”. Y con el perdón del historiador en cuestión, deseo tomar esa premisa como verdadera para exponer un simple punto.

Por siglos se persiguió la sodomía, y después la homosexualidad, como prácticas aberrantes y antinaturales. Se elaboraron complicadas génesis que dieran cuenta de un comportamiento que hoy la ciencia psicológica –por lo menos– considera como una elección (¿?) normal de cada individuo. De la misma forma, se inventaron castigos y tratamientos para “normalizar” a los sujetos, tales como los electroshocks, los baños de agua helada o las terapias conductuales.

Décadas de movimientos sociales después, la visión que se tiene de la homosexualidad ha cambiado paulatinamente. Se necesitó que el sujeto de enunciación se volviera enunciador para que hablara de su propia naturaleza, justificándola y haciéndola tan válida como lo es la heterosexualidad. De ser una desviación sexual pasó a ser una opción sexual.

Ahora –y he aquí mi punto–, ¿qué pasa con el resto de las supuestas desviaciones sexuales? Sobre todo con aquellas que han sido tan estigmatizadas como la pedofilia.

A veces pienso, y con perdón de todo aquel que se ofenda rápidamente, que confundimos la violación a menores con la pederastía. Violar a un menor es tan grave como hacerlo a un adulto; es un delito, pues. ¿Pero amar a los niños y sentir predilección por su compañía también lo es? Lewis Carrol, pedófilo confeso, declaraba que le gustaba rodearse de niños, sin siquiera tocarlos. Su deleite era más bien estético. ¿La pedofilia no podría seguir, acaso, este sendero?

Además, miremos la contraparte. Para Sigmund Freud, el infante poseía una sexualidad tan plena como la de un adulto. No era una sexualidad dormida, como muchos piensan, sino una activa y demandante. El niño siente placer y lo busca de diferentes formas. ¿No podría encontrarlo, pues, con el adulto de su preferencia, con aquel que estableciera un lazo de intimidad y confianza, donde existiera el respeto? ¿Por qué asexualizamos al niño, si es un perverso polimorfo?

Lo sé, lo sé, me merezco la hoguera por siquiera pensarlo. Pero no me extrañaría que la siguiente revuelta, el próximo movimiento social, fuera el de los pedófilos tratando de hacernos entender la naturalidad de su deseo y la validez de su existencia, pues lo mismo que se dice los pedófilos alguna vez se dijo de la homosexualidad, de la masturbación o incluso del sexo prematrimonial.

Así las cosas en mi cabeza.

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7 comentarios en “Del pasado y presente

  1. bien… creo que el punto es precisamente que seguimos tratanto a los niños como niños… de otro modo: seguimos tutelando su actuar pensando que son incapaces de tomar una decisión… cosa que por cierto han padecido las mujeres y los homosexuales… volviendo al punto, si hacemos un análisis más profundo de las restricciones al hecho de tener sexo u obtener placer con “menores de edad” no resiste el cuestionamiento de qué hace realmente diferente a una persona con 17 años 364 días a otra con con 18 años, nada, nos quedamos sólo con cuestiones morales que nos hacen sentir más comodos, porque ciertamente la realidad pocas veces corresponde con el discurso juridico o moral… recordemos que para que algo tenga que reglamentarse es porque sucede con la suficiente frecuencia para tener que recularlo… bueno, el punto es más bien para discutirlo con más detalle… pero bueno, creo que en principio podríamos dejar de hablar por los “niños” y darle valor a su dicho, es decir, ver que tienen que decir…

    toda la perorata anterior quizá se justifica en el hecho de cuanto disfrutaba yo algunos juegos sexuales con un primo bastante mayor, al cual claro nunca acusaría de pederasta…

  2. K.

    Me ha parecido uno de los mas elocuentes posts que has escrito. (Hasta me hace sentir cierto bochorno con respecto a los decadentes posts que he publicado a reciente fecha)

    Creo que es un asunto delicado, para empezar, por nomenclatura. Como creo que el post da para un desarrollo y crítica mucho mas profunda me limito a hacer una simple observación metodológica: primero, has confundido y mezclado pedofilia con pederastía.

    Una cosa es la tendencia o goce estético que se produce por la experiencia de atracción hacia un infante y otra totalmente distinta la satisfacción de impulsos sexuales de esa naturaleza.

    Conciente de mi marco conceptual falible e insuficiente ( esto es,con gran cantidad de lagunas en el terreno de sexualidad infantil)creo personalmente que las demandas sexuales de un niño y un adulto son lo suficientemente dispares como para calificar encuentros sexuales entre ellos como, si bien no condenables, por lo menos no deseables.

    Sea como fuere, y a pesar del lujo de prejuicio del que he hecho ostentación, guardo también la vaga esperanza de que en el futuro (esperemos, próximo) habitemos un mundo de mucho mayor apertura en el que temas como éste no se vivan en clandestinidad sino que puedan ser objeto de análisis y discusión pública, de manera que sean la libertad y responsabilidad individual las directrices para abordar el problema, en lugar de marcos jurídicos ambiguos y sin fundamento en la experiencia personal y afectiva de cada persona.

    Por todo ello, no creo que se merezca la hoguera, creo que merece tiempo de reflexionar e investigar el tema y hacerse de un espacio editorial.

  3. El Ojo como lente

    Cobayo un gusto volver a conectarme con sus notas.
    Este comentario me gustó mucho porque lo considero incisivo y perturbador en cierto sentido. Ha puesto el dedo en la llaga de lo que seguramente esta próximo a ser objeto de análisis y debate. Quizá su elocuencia como un comentario pionero y no más viejo como la historia misma. A mí me fascinan las imágenes de los niños fotografiados como puestas en escena de cuentos infantiles de Lewis Carroll, quien estaba perdidamente enamorado de su sobrina, de quien toma el personaje de Alicia (acaso también adoro a los niños y yo mismo me considero un niño). Me encanta jugar con ellos si eso me pone en el ojo de la mirilla de la pedofilia. El caso es que se le está dando mucho poder a los niños, del que quizá no estén preparados. Me hace sentir en los tiempos como ud. dice de la cacería de brujas. Que pasará cuando se denuncien casos de pederastia que luego no puedan comprobarse refundiendo a inocentes por la credibilidad privilegiada al infante. Quizá me identifico en ambos aspectos, porque yo mismo silencié una omisión de mi propia infancia, a la vez que terminé consintiendo por decisión propia mi relación con un adulto.

  4. elchangodelmal

    Bueno Lewis Carroll hizo algo más que rodearse de niñas las fotografió, algunas de desnudo. Pero, bueno mi comentario no tiene moralina.
    No es el caso contarles una terrible historia (autorreferencial) pero bueno, hay niños que desde los 8 años tienen una vida sexual “activa(por llamarla de alguna forma) y de alguna forma llegan a ser demandantes, por no decir controladores y caprichudos: Mamá exijo dormir con mi primo favorito, mamá si no cumples mi capricho esperaré a que te duermas y huiré abriendo las hornillas de la estufa.

    Jajaja. Creo que haré un cuento.

  5. Perverso Polimorfo xD
    (Pasé por aquí, leí y ahora comento xD xD)
    Que el infante tenga una sexualidad demandante no quiere decir que esté preparado para tener una vida sexual activa, todos estos impulsos instintivos de las primeras etapas tienen su función adaptativa en la sociedad; la supervivencia, el mismo control de los impulsos… Creo que la cuestión está no en que el niño inicie su vida sexual con adultos o contemporáneos, sino que quiera acelerar su desarrollo y que se vea involucrado en situaciones para la cual él aún no está preparado, cuestión que tarde o temprano le afectará en mayor o menor grado dependiendo de cada quien y ni pensar en la cantidad de abusos de los que pueden ser victimas. El niño por ser niño no está en la capacidad aún de saber con precisión lo que le conviene y lo que no, y no es por subestimar a los niños, que son gente con quien me la llevo muy bien y todo, pero muchas veces nisiquiera pueden asegurarse de que lo que les gusta, de verdad les gusta y he allí la diferencia entre la pedofilia y la homosexualidad. La homosexualidad es una opción sexual en tanto las personas estén conscientes y aprueben lo que hacen y sepan que eso es lo que les gusta, igual que en la heterosexualidad, de lo contrario tanto en una como en la otra estaríamos hablando de un abuso sexual, y eso es lo que sucede en la pedofilia, que supone actividades sexuales con niños de 13 años, 12 o menos, vamos, qué preparación puede tener un niño de 8 años para tener ningún contacto sexual con adultos si apenas acabará de aprender a escribir su nombre. A mi eso de adultos que sienten placer al estar rodeados de niños y tocarlos o sin tocarlos o qué se yo, no me parece pero ni un poquito.
    Como sea está bien (escalofriante) el planteamiento, un saludo. =)

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