De cuando me vaya

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cuando me vaya
Originally uploaded by Paulita Ortiz.

¿En qué momento nos volvimos desechables? Al igual que los vasos de plástico que amanecen en todos lados tras una fiesta, así despertamos nosotros al lado de alguien; medio llenos y a punto de ser echados a la basura. No nos tienta el corazón los buenos ratos que nos hizo pasar el vasito que todavía huele a Bacardí, lo desechamos, porque fuera del momento, ya no es valioso.

¿Sabes? Hace mucho que no abrazo a alguien después de tener sexo. Lo más cercano a un gesto de cariño fue alguien que me pasó unos cuadritos de papel de baño “para que me limpiara”. Y los únicos cumplidos que he recibido en los últimos tiempos provinieron de alguien que, tras un auténtico descalabre mío, me dijo que “no estaba listo para una relación” (traducción: “ya no me gustas”).

Me gustaría ser “el lirio que nace en el pantano” (otra más postularme al galardon de “el ateo más cristiano”), pero mea culpa. Yo también he formado parte de esa dinámica donde a partir de datos triviales (escribir con “k”, ser amanerado, no ser lo suficientemente flaca, ser una chica fresa, et al) me “desencanto” y termino desechando a las personas.

He sido desechado y también he mandado a la papelera de reciclaje a mucha gente sin darle gran oportunidad. Esta última vez (en la que me tocó ser de unicel) algo se rompió en mí. Ignoro si fue la suma de imperfecciones o el resultado de mi comportamiento lunático lo que lo hayan llevado a tomar esa determinación de no quererme cerca, pero me quedé con el mal sabor de boca de que en realidad no vio gran qué de mí. Ni yo de él, claro.

A colación viene una cita que extraigo de una canción de Gotan Project: “Pago por ver lo que he perdido”. Sé de lo que se privó él, pero no sé de lo que fui privado. Y eso me duele. Me duele saber que conocí a alguien por un par de semanas y que no volveré a conocerle más. Cuántas personas he/me han desechado, como si fuéramos reemplazables.

Me duele “mi humanidad” (si tal cosa existe y no es el ego disfrazado). Al irme, al despedirme de mi vida, de Puebla, del año o del mes, cuántas personas habré tratado y no recordaré ni me recordarán. Habremos sido algo menos que un sueño: “una pérdida de tiempo”. Cuando me vaya, quiero que me haga falta alguien.

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