Del eterno retorno II

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He mandado correos sin recibir respuesta; esperado llamadas sin en realidad hacerlo. Me ha bañado con agua fría y he logrado rebasar conduciendo en cuarta. Me quedé dormido tratando de olvidarte y he llegado media hora tarde al trabajo. He estado en fiestas, he besado algunas chicas y contemplando largo rato un par de barbas por el retrovisor. También he comido lechuga -mucha-, y bebido varias tazas de té de limón sin azúcar. He tomado cerveza clara, hablado con extraños y también he sonreído sin motivo en la penumbra de un bar (cosas que estoy seguro no crerías he hecho). Y sí, sigo hablando solo, despertando con miedo, fumando entre semáforos; pensando en irme de Puebla y también en quedarme hasta volverme viejo; coqueteando con mis alumnas, insinuándomele a un maestro; y pensando, siempre pensando, que esto del eterno retorno es un chiste viejo, de esos que alguna vez hizo gracia. Pero no todo está perdido. Porque si el mundo ha de repetirse -y lo hará eternamente y del mismo modo- sé que de nuevo volveré a verte, aunque de nuevo sólo sea por un tiempo; aunque de nuevo vuelva a perderte y escriba una vez más esto mismo una vez más; aún y todo, podré reír con Heráclito y decir: “Pinche puto el Parménides ese”.

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6 comentarios en “Del eterno retorno II

  1. @juntacadaveres: Un gusto saber que me lee. Debo confesar que, algunas veces, pienso en usted como lector ideal de mis posts.

    @Tankito: Yo sé que si estuviera conmigo… pero es mejor no pensar en eso, porque por ahora ni yo estoy con usted, ni usted conmigo. Le mando un abrazo, afectuoso, cariñoso, mío.

  2. gilberto

    “…La dicotómica ontología heredada del presocrático debate entre Heráclito y Parménides rige aún nuestros criterios epistemológicos a la hora de entender al hombre y su mundo. A un lado, el río que “fluye” sin que podamos bañarnos en él dos veces, se hace presente en la posmodernidad líquida de Zygmunt Bauman. Al otro lado, la sólida roca del ser que simplemente “es”, permanece entre nosotros en el positivismo y el monolítico realismo filosófico…

    “…En medio de ambos se encuentra la experiencia histórica (holística e individual) de la simultaneidad del cambio y la permanencia, es decir la plasticidad. Algo fluye y algo queda. Permanencia y cambio se hacen presentes a través del co-condicionamiento entre símbolos y materialidad y a causa de la “dependencia en el rumbo” generada por los sistemas con memoria. Las cartas del juego de la historia social están marcadas pero por el propio hombre. En el juego de la historia social, la racionalidad individual se crea y recrea sobre la base de los juicios arbitrarios que el hombre pronuncia sobre sí, los otros, la trascendencia, el tiempo y el espacio…”

    Juan Recce, Poder Plástico. El hombre simbólico materialista y la política internacional, IPN Editores, Buenos Aires, 2010, p. 23 ss.

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