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I

Desde que era un crío me han venido diciendo que el mundo está agonizando, que todo (la economía, la política, la moral ¡la moral!), que todo va para mal. Me han advertido que el mundo es decadente, que el hombre cada día se asemeja más a sus compatriotas animales, que este mundo no es para mí ni para mis compañeros de cuna (jóvenes con valores (?), clasemedieros y católicos), ¡Juventud, divino tesoro!… Tanto la derecha como la izquierda (por distintas e iguales razones) han señalado coléricos a Norteamérica y Europa como fuentes de podredumbre y veneno para nuestras almas de buen salvaje (Dios te guarde, América Latina). El mundo -dicen- está mal, -recalcan- mal, -rematan- muy mal.

II

Ahora, que son las siete de la mañana y tengo frío, mi vida entera parece más que un sueño, una alucinación hipnagógica.

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Esto es sólo sexo

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Me gustaría decirte que me gustas, en vez de susurrarte al oído “esto sólo es sexo”. Me gustaría pasar a tu casa después del trabajo, ayudarte a cocinar y hacer la sobremesa viendo la televisión entre arrumacos. Sé que te gustaría que te presentara como algo mío; y sé que sería agradable que me presentaras como algo tuyo. Pero, te lo repito, es sólo sexo.

Me gustaría sentir por ti lo que por otr*s he sentido. Mira que me he esforzado en aquello de “dar(me/te) oportunidades”; mira que me he quedado en silencio mientras hablas y he tratado de concentrarme en tus caricias. Mira que he intentando tanto ser, como no ser, yo mismo. Y no, más allá de una ternura casi paternal, no he logrado sentir más por ti.

¿No sería maravilloso corresponderte? ¿No seríamos tan bellos y felices como los protagonistas de un comercial filmado en la playa? Imagínate, tú sonriéndome y yo dibujando la misma mueca en mi rostro, viéndote a los ojos y tomando tu mano entre la mía. ¡Qué felices! ¡Qué eternos! ¡Qué jóvenes y enamorados!

Pero no, ni esto es la playa, ni somos felices.

Bien, pues ayer te volví a decir lo mismo: “esto es sólo sexo”. Y hoy amaneció nublado, y cada quién en su cama y, esto, esto fue sólo sexo.

De los viernes

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Luces de neón: decepción garantizada. Brillos y oropel, gloss, cadenas y diamentes de plástico. Simulacros de amor: no corro, no grito, no empujo. Besos, caricias y bebidas energéticas. Un beat estriente y la espiral de la embriaguez. Movimientos cadenciosos y decadentes, coreografía de viernes. Silencio: ya viene el fin del mundo. Tum tum tum, los cuatro dj’s del apocalipsis. Viajan en misiles y botellas ambarinas, dejan como sombra líneas de coca y botellas de agua vacías. El fin del mundo ha comenzado ¿Vas a bailar o te quedarás sentado?