La rapsodia de Epicuro

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Cuando era pequeño, mi padre nos pedía ser lo que quisiéramos, pero ser los mejores en ello. No importaba si éramos barrenderos -decía-, siempre y cuando fuéramos los mejores. En la escuela nos pedían algo similar: trabajar duro para “ser alguien” en la vida. Tienes que ser alguien -decían-, ¡Alguien!, como si de principio no lo fuéramos, somo si lo que en ese momento éramos estuviera mal y tuviéramos que cambiarlo en pro de nosotros mismos. En la universidad también nos pedían ser “alguien”, el mejor “alguien” que pudiéramos (claro, dentro de sus muy limitados parámetros). Nos exigían decidir quién queríamos ser y apegarnos a ello. “¡Tú decides!”, era su propaganda. Recuerdo cuánto me encolerizaba leer esos carteles estúpidos pegados a todo lo largo de la universidad; supongo porque, para principio de cuentas, no sabía quién era yo y mucho menos quién quería ser. Para mí era mucho esfuerzo “estar” como para todavía, aparte, “ser”. Qué años…

Ahora las cosas son un poco distintas. Bueno, mucho. Ahora mi padre me dice que no importa tanto lo que seamos como el disfrute que obtenga de serlo. Ya no le importa que seamos “los mejores”, le importa que estemos a gusto en la tensión vital entre lo que quiero y puedo ser. En la universidad siguen diciendo las mismas mamadas, o incluso peores. Pero, ahora yo soy parte de la universidad, y lo que hago en clase y a la menor provocación es gritarles desesperado que, si no quieren estar ahí, que busquen en dónde si quieren estar. Y no se los grito como regaño, sino como alarma de despertador, para que no se pierdan en el sueño que me perdí de ser alguien. Ellos tienen papás con dinero, ellos pueden darse el lujo de tener un McJob y disfrutar de la vida por un par de años antes de hacer lo que se supone deberían hacer.

¿Y yo? Y yo trato de cumplir lo que digo, de decírmelo a mí mismo. A veces no funciona, a veces me pierdo en esta carrera estúpida por “ser alguien”, cuando nunca seré más que lo que puedo ser. ¿Un canto a la mediocridad? No, un canto a la búsqueda de la paz. Un canto para abrir las puertas del Jardín de Epicuro.

Perdonen mis tres lectores la pésima calidad de este post. Pero hoy no quiero revisar lo que escribo. Hoy no quiero ver ortografías, semánticas, léxicos y demás mamadas. Hoy no reviso lo que escribo (de por sí difícilmente lo hago, hoy menos). Gracias. No sé por qué, pero gracias. De verdad, gracias.

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2 comentarios en “La rapsodia de Epicuro

  1. ¿Pésima calidad? Tenemos distintas perspectivas de ver el mismo post, pues.

    “Ser alguien”, “ser alguien”… ¿Alguien como quién? ¿Como qué? ¿Que hace qué?

    Sí, a mi también me han inculcado ser alguien, no sé si los padres o la sociedad en si. Y reconozco, siempre he querido ser alguien… Aunque todavía no sé qué significa exactamente ese “alguien”.

  2. Ay, fumadores… últimamente descubro demasiadas personas que aprecio, estimo, o admiro atados a este vicio. De peores hay, no lo niego. Y sin embargo… Una preferiría que no existiera. Pero lo dicho, cada uno con su vida.

    Y de hecho, nunca abandoné el blog de este cobayo, siempre leyendo desde la sombra -ya ve, qué cosas, qué cosas…- sin saber qué añadir. Disfrutando, simplemente, de la amena lectura.

    Un saludo. Y dos.

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