Memorabilia

Estándar

Las últimas semanas (¿sumarán, ya, meses?) han estado llenas de sobresaltos. Ojalá tuviera la disciplina necesaria para relatar cada una de estas disimuladas alegrías y sutiles penurias; créanme que han sido días interesantes. Al menos para mí, claro. Así que…

I

Después de poco más de un año, volví a saber algo de Carlos. Y no sólo de él, sino también de una constelación de personas que otrora poblara mi exiguo cielo de primavera. No entraré en detalles de vidas ajenas. Me limitaré a marcar en un circulito rojo el desazón que provocó enterarme que mi antiguo superhéroe (ése que pretendía salvar al mundo en un outfit rutilante), ahora es un simple camello. Supongo que él es de aquellos entrepreneurs que han decido hacer de su placer un negocio. Qué más da ahora, si ni la palabra me dirige.

De la vida de Carlos -o, incluso, de todo Carlos en sí-, no hay mucho qué contar, salvo variaciones de lo mismo. Sigue siendo un buen tipo; uno que mantiene relaciones espeluznantes con las personas menos indicadas. Pero ¡ey! ¿En estos días quién no lo hace? Que tire el primer comentario quien esté libre de toda culpa.
Obviamente, no seré yo.

Al despedirnos lo miré, como hace tiempo no lo hacía. Alrededor de sus ojos se dibujan ya unas tenues patas de gallo; algunas canas asoman entre su pelo corto y negro; cuando sonríe se le dibujo otro rostro en el rosto. En ese momento lo supe: mi amigo ha envejecido, por fin tiene cuarenta años.

II

Mi prima -a quien apenas le llevo un año-, se casó el sábado pasado en Juchitán, Oaxaca. Casi toda la familia estuvo presente; aunque bueno, creo que eso no es una hazaña: apenas si somos menos de 20. Para la boda tuvimos que usar trajes típicos: las mujeres faldón, enagua, huipil y tocado de flores en el pelo; los hombres guayabera, pantalón negro y zapatos formales. Enumerar los momentos, trágicos, espirituales o jocosos (ya saben, con la familia no hay medias tintas), me tomaría mucho tiempo; más del que quiero dedicarle a este post. Así que será en otra ocasión. Pero bueno, para que les dé tantita envidia, les dejo una fotografía que tomé (la única de hecho). Ahí les va:

Boda Tradicional en Juchitán, Oaxaca

Boda Tradicional en Juchitán, Oaxaca

La fotografía la tomé durante el baile de los jarrones, tradición consistente en obtener un jarrón a cambio de darle dinero a los novios. Una vez obtenida la artesanía, se baila con él mientras dura la música; cuando ésta acaba, las mujeres corren con los novios y, a los pies de ellos, se azota el regalo hasta volverlo tepalcates. No me pregunten por qué, pero simplemente me encantó.

Tal vez, otro día, a otra hora, escriba la reseña completa. Tal vez sea envidioso y no lo haga. Ya dirá San Agustín y su mascota el tiempo.

III

He perdido la cuenta, pero ya llevo algunas semanas “sobrio”; es decir, sin medicamentos. He tenido numerosos achaques, pero la libertad que en este momento me invade es única (y aterradora). Supongo que bastó esa pequeña y estúpida alarma de tumor cerebral para ponerle un “hasta aquí” al asunto. Creo que si en cinco años no logré una mejoría permanente y notable, nunca lo conseguiré por esa vía. Así que: Chau chau Risperdal y compañía, nos veremos en el infierno.

Sin embargo, respecto a mi salud, no todo es tan liberador. Desde hace un par de meses me diagnosticaron no sé qué cosa rara en las rodillas (y ni quiero saber, neta), pero la cosa es que debo hacer ejercicios y bajar de peso. Pfff. A lo primero no le hago y lo segundo me está costando un huevo de pascua, pero ahí voy. Lo bueno de todo esto es que lentamente ropa que no me quedaba me está volviendo a quedar. Eso es suficiente motivo de alegría ¿no?… ¿NO?

IV

El viejo hábito compulsivo por escuchar una y otra vez la misma canción ha vuelto. Creo que si mis síntomas obsesivos se van a manifestar únicamente de esta forma, no habrá gran problema. El problema es si regresará mi vieja amiga, la compulsión. Eso sí no estaría nada lindo. Pero bueno, esperemos que me quede de obsesivo musical nada más. ¿Qué he escuchado? Ah, pues esto:

Ah. y esta:

V

Me gustaría escribir un web comic. No creo ser la mar de gracioso, pero como ejercicio creativo sería alentador. Al menos por una temporada, antes de que cayera al olvido y, ahhh, lo de siempre. Pero bueno, no me torturaré por ello. ¿Alguien quiere hacer un web comic? Hágalo, por favor. Prometo leerlo y, si me gusto, lo seguiré en mi reader.

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