Crisis de lentes de pasta

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¿Qué se sentirá tomarte entre mis brazos? Cargarte y sentir que el corazón se me rompe porque lloras; y yo llorar porque el corazón se me rompe en una forma que jamás pensé podría romperse. O tal vez llorar porque pienso que de alguna forma extraña yo te estoy rompiendo el corazón a ti, y eso me rompe el corazón [incia el juego de espejos].

(¡Dios, qué cursi me he vuelto! Ha de ser la edad. Maldito sentimentalismo). Lo sé, soy un desastre, y de nada me serviría prometer(me, te, nos) que haré todo lo posible por… no. Tú y yo sabemos que no es ni posible ni deseable. Es tan mala idea que yo sea tu padre como que tú seas mi hijo. Por eso, mejor, ni nos conozcamos; que mira que ya estoy pensando barrabasadas: (porque pensé, en secreto [para que yo no me escuche; ves que soy un cabrón], que de alguna forma existe un destino, y que ya está escrito que seremos esa diada extraña: padre-hijo. Y entonces… no, pequeño, mejor borremos ese pensamiento. Yo a duras penas existo y tú ni siquiera has sido soñado con forma de cosmos.

¡Ay, pero qué achacoso viejo molesto me he vuelto! Porque ya de por sí es malo ser viejo como para todavía ser blando. Y sabes que así es mi voluntad: poliomelítica. Sí, así, nomás medio capaz, nomás medio discapacitada; así, de darte un poco de lástima. Ojalá mi madre hubiera tomado más ácido fólico, para ver si tan siquiera se me esclerotizaba un poquito el espíritu. Porque mírame nada más, acá escribiéndote cartas, hijo, cuando todavía no naces. Mírame, desempleado, malcomido y malcogido. Llorón a ratos y displicente, obsesionado con ideitas tonas y preocupándome por terceros que ni vela tienen en este entierro de dignidades. Ay, ya te estoy describiendo en mis brazos y yo ni siquiera he comenzado a nacer. Por eso, hijo, te digo: abstente (y por ello absuélveme).

— Fíjate que he pensado muchas cosas. Pensar lo que es mejor para ti. Me devano en qué será mejor escogerte, otro papá aparte de mí o una mamá. Ya sabes, convencionalismos contra el convencionalismo disfrazado de novedad. Pero, caray, mira que es una estupidez hacer esto: porque de toda la gente que conozco, con nadie querría tenerte. No, por Dios, suficiente malestar estomacomental tendrás conmigo, que caigo tan pesado y soy difícil de digerir como para todavía embarrarte una dosis de papá psicótico o mamá histérica. No, mijito, no nos hagamos esto. Y te lo vuelvo a pedir (absuélveme, que sé que tú serás más grande que yo; mírame hacia abajo, tenme misericordia por ser blando).

Pero miren nada más, si este loquito (que soy yo) cada día va de mal en peor. Día a día ideas más estrambóticas se le vienen a la cabeza. Algo me dice que de nuevo regresará a de donde salió sin permiso. Pero mírenlo también, que comienza a disfrutarlo cuando se le pasa el susto, cuando advierte que lleva un buen rato mirando a otro hombre, pero no porque sea atractivo, sino porque lleva a su hijo en brazos. Ojalá yo algún día pueda también absolverme.

Pinche mariconcito cursi. UGH.

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3 comentarios en “Crisis de lentes de pasta

    • No te preocupes, yo también estuve “así” de conmoverme cuando lo escribí. Ya sabes, soy el hijo de puta más sentimental que conozco, pero hijo de puta al fin y al cabo: me rasqué los huevos y me puse a ver porno con animales. Ya sabes, lo de siempre.

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