Mira que no sé, tú que me lees

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Mira que no sé si te duela el mundo. Si sufras achaques y malestares repentinos por ver demasiado fijo una envoltura de mazapán (comienza como un mareo -ya lo dije, repentino-, un mareo de juego mecánico que se convierte en vértigo, como si por un momento lo vieras todo a ojo de pájaro; con terror de lombriz). Tampoco sé si al sentirte rodeado y torpe, en medio de flujos de gente, sientas pánico (como si una palidez caliza, propia de laguna mineral, llenera tu cuerpo como llenaría una cubeta, como llenaría un esquema del porcentaje agua en el cuerpo humano en un libro de la SEP). Mucho menos sé si sueñas despierto, mirando las enemil putas de Tlalpan (si sueñas que donde estás no es este sitio, sino otro, Babilonia -por ejemplo-, y que eres un viajero con mal de arena, buscando a tu hija robada y perdida ahora entre las mil putas, sintiendo vértigos y terrores repentinos [pero no es sueño dentro de otro sueño, porque ese vértigo y ese pánico no son los tuyos, sino los que da la arena cuando pasas demasiado tiempo en contacto con ella]). No sé si tú también te mires los pies extrañado, como si quisieras platicar con ellos; si los veas y te deleites sabiendo que parecen los de un dibujo de principiante, si al mirarlos, toscos, te de ganas de tocarlos, pero como si fueras ciego, como si nunca los hubieras visto, como si nunca los fueras a ver y deleitar con su fealdad. Y no sé tampoco si después de verlos de esta forma sientas una terrible culpa de onanista (y es que no sé si tu relación con tu cuerpo sea tan conflictiva y de doble vínculo como lo es la mía).

Pero hay cosas que sé. (Miento, no me crean: yo sé nada). O cosas que creo saber. O cosas que necesito creer que sé para afrontar el día: para levantarme por la mañana y acostarme por la noche, para no vomitar después de cada comida, para no dormir después de cada siesta, para sentir que puedo hacer esto que extrañamente me hace tanto bien. Sí, eso lo sé (creo saber), necesito engañarme, porque sólo en el engaño todo tiene sentido. Y si bien cuando digo todo en realidad me refiero sólo a unas cuantas cosas: el autoengaño me cae de maravilla. Pero regresando a lo que venía hilando: no sé siquiera si acaso me importa. Y eso era lo importante. Mejor así.

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2 comentarios en “Mira que no sé, tú que me lees

    • A ver Rubia, esto no es Fesibuc, sáquese de aquí con sus “Like”. Tss, uno que ha salido huyendo de esas redes piteras y tú lo traes a mi sacrosantísimo blog decandente astral milenario chachachoso y achacante y machucón. U_U Gracias, princesa tibetana. Snif.

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