La culpa la tiene el gran Ajolote

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No se me tome a mal: más que un hombre de razones, soy uno de pretextos. Y no se me malentienda: la diferencia es harto sencilla: no doy razones para mi actuar, entrego tímidas justificaciones. Pero como sea, eso no es lo importante. Lo importante es que para regresar necesito un pretexto (porque razones hay muchas), y mi pretexto es el mejor de todos: vengo cada quincena por culpa de Cortázar; estúpido y sensual argentino gigante.

La diferencia entre razones y pretextos es tan sutil como evidente. Cuando uno tiene razones, sus actos están impregnados de voluntariosa voluntad, de una energía que parte desde adentro (el colón) y tiene la fuerza suficiente para oponerse al fluir del mundo (o al menos intentarlo). Debe ser típico de los signos fuertes, como Tauro o Leo. Pero, en cambio, basar las acciones en pretextos refiere todo lo contrario: el ser es dócil y debilucho, blandengue, escurridizo, (como los peces de Piscis), se deja arrastrar por el mundo y su mano invisible; es oveja de pastoreo, linfa de sangre, muertito en una carreta; sus acciones no tienen fuerza, la fuerza del mundo lo empuja (y lo maltrata). Típico de signos como Cáncer o Géminis, creo.

En fin, yo decía antes de interrumpirme (qué molesta costumbre la mía, ¿verdad? Pero es inevitable, esas voces, grititos de gatitos patéticos, maullidos, susurros en el cuarto de al lado. Demonios, lo estoy haciendo de nuevo). Entonces, decía, que cada quincena regreso con cansancio por culpa de Cortázar; y es el mejor pretexto que pude encontrar para encubrir mi voluntad cobarde, mi timing perfecto, mi “será para la próxima”. Como sea, no importa, da lo mismo. Mejor así, como diría Manuel Matos. (Pero eso no importa).

Es tiempo de un recuerdo inútil: El tercer libro que leí en toda mi vida fue Bestiario, sí, del señor cronopio, de Julio barbas-ralas Cortázar. Aún conservo ese libro que no es mío, sino de un tal Pedro (pero ese es otro asunto. ¿Seguirá escribiendo las reseñas musicales del economista? ¡Qué diablos sabré yo! Como sea, eso no importa por ahora). Sí, el libro era del bonachón Pedro. Y aún lo conservo. (Shh, no le digan, soy un ladronzuelo de libros -sonrisa autocomplaciente). ¿Pero a dónde iba con todo esto? No sé, qué importa.

Entonces, vengo por culpa de Cortázar; y me gusta ese pretexto, me aferro a él con todos mis dientes (es que soy de brazos delgados). Mi cabeza es una maraña, pero eso tampoco viene al asunto. El pretexto es y será Cortázar por todo lo que resta el año. ¿Después? Después me inventaré otro, otro que haga que mis largos viajes parezcan voluntad del supremo, o de un ser más grande, o de un condón atravesado en la garganta. Yo-qué-sé. Como sea, hoy estoy aquí por Cortázar, trabajando de malas por Cortázar, con el estómago revuelto por… creo que la idea ya quedó clara.

Pero bueno, pasemos a lo realmente importante: Ya estoy aquí ¿Quién me lame los huevos? No se amontonen, para tod_s hay.

(Sí, tampoco tiene sentido, pero tengo un pretexto: soy discapacitado mental y tengo un papel que lo prueba. Superen eso novatos racionales y confinados a su voluntad. Yo sólo soy un loquito patético  ¡Jum! y sí, emoticono feliz: ñ_ñ). Pero no se vayan con mal sabor de boca por mis comentarios impertinentes, mejor ¡bailen!:

(A poco no soy un pinche cursi de porquería. Aww, cosito. Ya, ámenme y así, que estoy falto de cariño y por eso termino jodiéndome a delegados de la ANDA. Eww. Como sea, ya, denme mi diazepam)

The end is missing

Ya sabes: finales alternativos y así. Esto terminaba de otra forma, conmigo diciéndole a… qué importa. Todos aquí se creen aludidos cuando en realidad hablo de otras personas. Pero eso es texto de un final alternativo. Ya se jodieron, quién les manda estar en esta realidad virtual conceptual. Tan tan.

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2 comentarios en “La culpa la tiene el gran Ajolote

  1. Katya rubia mil

    Hermano, justo el Cortázar me tiene a mí también tan mal que hasta se me ocurrió un cuentito cover, te lo enseñaría si no fuera porque a. no lo he escrito, b. me da pena enseñar mis vergüenzas.
    Como sea, soy feliz por tus pretextos, espero que sigan existiendo porque aquí entre nos, esos ratos de charla contigo hacen mil mi quincena (ahí está, la primera que le lame los huevos), pero eso sí, yo JAMÁS me he sentido aludida en alguno de tus post y eso ya hasta te lo reclamé, ¡jum!
    :*

  2. Te aludiré obscenamente para que pienses dos veces tus deseos ¡Jum! Y sí, a mí también me hace la quincena ir a embriagarnos y criticar a nuestros compañerísimos; sea por apestosos, por encopetadas, por impertinentes o por lolitas nada qué ver. Te quiero, rubia malvada .

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