Cenicienta

Estándar

Hay una capa de ceniza que nadie ve; una capa gruesa y triste sobre los automóviles de Tlalpan y sobre los peatones que esperan el microbús. Veo por la ventanilla cómo las ruedas del tren ligero la remueven, como si fuera nieve sucia, anegada, de la única nieve que podría haber en la Ciudad de México. Sea como sea, hoy vi el sol y vi la ceniza, y por un momento no supe a dónde iba, ni dónde debía bajar. Pensaba en nombres de calles que no están aquí y en música que ya no escucho. Y es que la memoria es un país extraño… De alguna forma me descompuse en el trayecto hacia acá. Algo pasó en la duermevela del camión; algo que no recuerdo y -para qué me esfuerzo- no recordaré. Algo terrible, como un asesinato o una violación, como ser defraudado apenas siendo un niño o arrepentirte de todo justo antes de morir. Algo así de terrible -y estúpido- sucedió mientras transitaba a un sueño al que nunca llegué. Algo pasó en ese asiento reclinable, bajo la pantalla sucia, junto a toda esa gente que por alguna razón que desconozco no volveré a ver.

No se me haga mucho caso, lo que pasa es harto simple: estoy solo en casa, con hambre y sin nada en el refrigerador, con unas monedas de a diez  en el bolsillo y una extraña sensación de que hoy el DF está más sucio y solo que de costumbre. Pero sólo es una impresión -como lo dije: una extraña sensación-, es tan solo ese no haber despertado del todo; es sólo una opresión en el pecho que juraría quiere decirme algo, pero es más bien la sensación de darte cuenta que la salida del periférico que estabas buscando la pasaste hace ya un buen tiempo. Como sea, aquí no hay tragedias, sólo letras chillonas, tecladazos que a falta de un valor específico suenan a melancolía. Y claro, es entendible: imagínese tener la suerte de ser una tecla y no ser de piano. Sería una desgracia, y me apiado de todas ellas. Supongo que porque en el fondo yo tampoco soy un piano.

Pero ya comencé a divagar. Sólo quería decir que hay ceniza en las ventanas y en el rostro de los niños que afuera de mi casa juegan fútbol. Que hay ceniza en las marquesinas de los teatros y en los toldos de los tacos de División que, creo, nunca cierran. Y también hay ceniza aquí, en esta mesa, y en la ventana y en el arillo de mis lentes. Hay ceniza por todos lados y sólo yo la veo. Lo sé, de nuevo, he enloquecido; pero todos lo sabemos: no soy un locro peligroso, soy un loco tranquilo. Supongo que iré a Mc Donald’s, que me lavaré bien las manos (también ahí hay ceniza) y después… después me haré a la idea de que no es viernes, porque la gente como yo no tiene viernes, porque cuando no tienes un trabajo de nueve a seis no importa si es lunes o domingo, prendes la computadora y trabajas un rato, descansas otro, vuelves a darle y de nuevo es hora de dormir. Así la vida, así la vida entre cenizas.

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2 comentarios en “Cenicienta

  1. Katya rubia mil

    Hermano,
    DE haber sabido te mando itacate. Ahora que debo reclamar, con el título pensé en esa parte fetichista del zapato y nada, pura melancolía, eso me pasa por leer tanta cosa BDSM u_U

  2. Nadie me pone itacate :( Justo ahorita quiero una gringa de esas que venden abajo de tu escuelita de baribailes modernos y seductores :( La quiero, la quiero ahooora :( Snifirifi.
    Y con respecto a lo de tu fetichismo waltdisneysado: ¡yo qué culpa! Si estos es mi blog, no la hora de las complaciencias. Ash. Pero bueno, prometo escribir algo sucio que procure estar a la altura de tu perversidad. Snif.

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