Rollitos primavera

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(Refrito de rollitos otoñales): Me pregunto y me contesto: la memoria es el mejor oráculo; basta seguir adelante para volver en el tiempo. Sábelo bien, somos sólo el eco de una acción que comenzamos hace muchos años sin darnos cuenta. Hoy me levanté y lo supe: soy inercia, movimiento efímero e inútil, como la onda que provoca una piedra al caer dentro del agua. Y sí, me miro hoy en el espejo y lo doy por hecho: soy una perturbación en el agua que a cada paso se desvanece, que no puede existir de otra forma, que está condenada a regresar al anonimato del lago en reposo. Mejor así: porque incluso Dios descansó el séptimo día.

La luz de otoño me está rompiendo los huevos del alma, y no sé a quién presentarle mi denuncia. Quiero acusar a esa luz lánguida y pesada, terriblemente tibia hasta el hartazgo, de que a la menor provocación juega con mi memoria y mi entereza endeble. Me hace ver cosas que no están, personas que ya no son, lugares que nunca han sido. Y lo peor, inculca recuerdos que no son míos, sino de otro. Y me aterran, como a Alina Reyes en Lejana. ¿En algún momento comenzaré a sentir que la nieve entra por mis zapatos? / Pensamiento impropio –no, no lo pienses– / Como sea, esta luz del demonio me hace recordar recuerdos que no son míos. Veo casas y personas, rincones, muñecas, estructuras óseas; y lo peor: siento algo, indefinido, a medio camino entre la nostalgia y el susto de muerte, porque entonces veo un rostro y… mejor no hablo de esto, podría ser contraproducente.

Regreso a mis rollitos: Los finales alternativos; le estás rompiendo los huevos a mi finales alternativos. Tu manía, mosca, de habitar la telaraña. Me aterras, te desconozco. Comienzo a pensar que finges. Pero, me doy un respiro, sé que estoy loquito (tengo un papel que lo prueba, como Homero Simpson). Pero bueno, esto también puede ser contraproducente, porque muchos quieren encontrar respuestas aquí, sin saber siquiera que el lenguaje en que están escritas es más difícil de dominar que aquel signado por estrellas. (Estimado inquisidor: ni siquiera yo lo entiendo. Pero las respuestas están aquí. Ya sabes: el mejor oráculo es la memoria). Pero bueno, estos rollitos enredados no entretienen a nadie, más que a unos cuantos. Y, perdonen, esto no lo hago por ustedes, lo hago por mí. Que escribo y entiendo, que escribo y me desespero: que no escribo otra cosa que no sean estos párrafos desaliñados.

Intermedio. Palomitas: ¿Te has dado cuenta? Llevo un tiempo sin poder desmadejar una idea, sin poder exponer una sola. Dale un vistazo a los tiempos anteriores: yo podía hacerlo. Hoy soy incapaz. Pensamientos se atropellan, un frenesí estúpido me invade mientras escribo y… Agh, eso. Y pasa eso para lo que no hay palabras, esa sensación de electricidad que choca y se encuentra, de rayos azules que abrazan amarillos, ese desconecte, propio del exdrogadicto. Realmente me jodí el cerebro con esa mierda. Mejor así, para qué ser funcional en este mundo que sólo es una gran preparatoria, lleno de loquitas de todos géneros buscando su cenital, su puto cenital. Yo no quiero estar en un concurso de belleza, ni quiero ser una belleza de concurso. No quiero un nobel, ni un cervantes, ni la corona de los juego florales de Teziutlán. Sólo quiero un poco de paz.

Final inesperado: el teatro está en llamas: No corro, no grito, no empujo. De todas formas no existen las tales zonas seguras en la existencia. Sólo hay rincones dónde agacharte, portales en los cuales detenerte de pies y manos, columnas bajo las cuales pararte. Sí, sólo hay todos esos lugares donde no debes estar en un siniestro. Por eso, no corro, no grito, no empujo. Me escondo y espero el final. Cierra los ojos, esto sólo es una mala duermevela. Pronto despertaremos, te lo prometo. (Aunque de antemano sabemos que yo no cumplo mis promesas. Lo siento. Nos hemos perdido. Observa:

Pero podemos reír, incluso en el infierno puedes hacerlo).

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2 comentarios en “Rollitos primavera

    • Ash, pues nomás porque no te has animado a hacer el trámite en la ventanilla cinco del Batán, rubia. Cuando quieras te llevo a dar una vuelta al pabellón de agudas; mira que luego entre cada histérica que no está de malas carnes… además, ahí todos aflojan. Créeme. CRÉEME.

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