Los motivos del lobo

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De nuevo mi espíritu tirita de frío; de nuevo una palabra me ha dejado congelado. Una vez más me siento escandalizado por dentro (recordemos aquél inesperado pánico moral de hace un mes); de nuevo siento esta urgencia por salir aunque sea un momento del marasmo, por ver más allá de las cuatro paredes que le he marcado de límite al mundo. Allá afuera está esa palabra rondando, como llave de caja de Pandora; me acecha como sólo un gacela podría atacar a un león. Ojalá esta llave de diez letras trajera luz a mi mente… sólo me hunde en un vacío de caja negra, donde tendré que hacer fuego tras frotar mis huesos uno contra otro, como un especie de Quetzalcoatl fallido. Así sea: frivolidad.

Dos nuevas virtudes propone la catedral de nuestros tiempos: frivolidad y cinismo. Pequeños mandamientos se desprenden de su obediencia ciega: Sé leve, no te comprometas; flota: deslízate, nada importa; pretender es ser, aparentar es estar: el sincretismo to be; sé nómada, transfórmate: agótate, e incluso en el suelo cambia; aborrece lo estático, tributa lo volátil; ve más allá, siempre (agótate, e incluso en el suele, corre); desecha y reemplaza, todos tenemos un precio (consíguete siempre lo más caro); sonríe por reflejo, las primeras impresiones hacen amigos (el mundo es de los amigos); no quedes mal con nadie, complace a todos; esquizofrenízate (y disfrútalo); imperativo: disfrutar; no te claves, la vida es leve: relájate: deslízate, nada importa.

Y entonces todo cobra sentido: volvámonos nubes y llovamos, sin importar nada más que el ritmo del viento que nos une y desune; seamos ese chico: sé ese chico. Vende tu alma por lo que sea; pero véndela ya que se cotiza cada día más a la baja. Declárate confuso, porque el que se confunde es ambiguo, porque al ambiguo nadie le puede reprender nada. Vuélvete tibieza, que el calor quema y el frío congela, pero al tibieza te mantiene. A todos les gusta la tibio: hey, Mario, you’re a winner. Da entradas, da salidas; pero no te comprometas: el compromiso te vuelve pesado, te cierra todas las opciones, te hace adulto (ignora que de todas las opciones sólo podrías haber tenido una: prolonga la decisión al infinito; o hasta que alguien decida por ti; no importa, siempre es mejor ser víctima del destino). Si dudas, duda: deslízate en la duda, no tomes bando: sé grácil, sé libre, sé ligero: be ligth.

Decidí volverme piedra e irme al fondo, donde no llega la luz (sí, donde tienes que frotarte los huesos para hacer fuego).

Y no crean, me hace sentir triste. Ojalá no tuviera que contar esta historia.

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2 comentarios en “Los motivos del lobo

  1. Al margen de las ralladas existenciales (que me encanta leerte), hace unos días me salía que ya este espacio de obscenidades metafísicas había dejado de existir. No vuelvas a jugar así con los sentimientos de la gente. Casi me da un patatús. Estarás contento.

    • Culpo a WordPress, madame, que yo quiero más a mi blog que a mí mismo (creo que él es más sabio, más bueno y es naranja). Créame, no podría borrarlo. Y agradezco aquello de las obscenidades metafísicas, aunque más bien creo que son balbuceos de retrasadito. Un saludo hasta allá.

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