A cinco meses

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Regresar nunca es fácil; comenzar desde cero, tampoco. Uno se siente en todo el derecho de aplicar el CTR + ALT + SUPR a una vida terriblemente estable y hecha, a una vida de edificios terribles de lo firmemente que están cimentados; uno se siente en el absurdo derecho de creer que se merece algo más, algo mejor. Y entonces uno lo hace: Reboot. Pero la vida no se reinicia; es más, a ratos parece que va más rápido y todo se convierte en líneas de colores y manchas luminosas, como cuando uno viaja en el metro borracho. Tal vez por eso me gusta mirar a través de la ventanilla en ese estado… pero ese es otro cuento. Y yo sé el mío.  Creo.

Lo cierto es que en cinco meses (¡cinco meses ya!) han ocurrido más personas y situaciones que en nueve años de mi vida. Y hasta ahora el balance es positivo entre lo bueno y lo malo. Creo que por el momento soy bastante feliz.

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Album de familia

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Ayer conocí a mi bisabuelo. Se parece a mi tío Paco, aunque también tiene un poco de mi padre, de mi hermano y de mí (o es al revés: nosotros tenemos algo de él; no sé). Me ahorro los preámbulos, aquí lo tienen:

Él es (era) Máximo Suaste, padre de mi abuela paterna (también finada). La fotografía, como pueden leer, está fechada el 30 de noviembre de 1925. Es un “recuerdo” de su fallecimiento. He tratado de indagar acerca de esta foto, pero la información es escasa; mis abuelos tenían la mala costumbre de nunca hablar de su pasado (después de todo ambos trataban de huir de él, es comprensible).

Mi abuela está parada a la izquierda, usando un vestido blanco. Mi tío abuelo (quien aún le sobrevive) está en los brazos de mi bisabuela. Mi bisabuelo está amortajado en un hábito de la orden de San Francisco; es costumbre que los laicos de esa orden vistan este traje cuando van a ser enterrados (yo tendré que vestir a mi abuela materna con uno similar cuando ella fallezca; disculpen el escalofrío).

La fotografía fue tomada en el lugar de origen de mi abuela, San Miguel de Allende, Guanajuato. Mi abuelo, de quien casi no hablo porque poco lo conocí (era prácticamente un hombre impenetrable) era originario de Tepito, aquí, en la Ciudad de México. Mi padre recuerda que él decía haber nacido en la calle Tenochtitlán de tan emblemático barrio. Y eso es todo lo que por ahora sé de ellos.

Supuse que hoy sería un buen día para recordarlo. Hasta pronto, bisabuelo.

Soundtrack de una película que nunca verás V

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Y es que creo que tú eres el último que se da cuenta. Ya no diré nada, porque simplemente me he quedado sin palabras. Ya sólo me dedico a escuchar a quienes nos miran sin saber, a quienes afirman sin saber, a quienes quisiera fueran brujos para que sus palabras fueran castillos de verdad. Pero creo que tú eres el único que no se ha dado cuenta. Sabes a dónde vamos al amanecer,  jugamos a estar cerca sin saber por qué. Tienes que sospechar, es cuestión de afinidad…


No pienses más, harás algo extraordinario.

Soundtrack de una película que nunca verás IV

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Como la canción, yo te presentí. Hasta hace unos meses tenía un arrepentimiento favorito. Me repetía una y otra vez: ¿Por qué no me casé con ella? Y después lo completaba con alguna fantasía contenta seguida por alguna autojustificación idiota. Sin embargo, hace unos meses la Chascona y yo nos dimos cita en tu casa, como hacía años no lo hacíamos. Y entonces te escuché hablar con un amor que nunca te había escuchado, con un amor inaudito que ahora das a tres personas: el argentino peludo, el hombre de la fuerza del destino y la pequeña que entraña belleza. Me quedé asombrado ante tantísimo amor. Ante una felicidad tan golpeada por la vida, pero resistente como sólo la felicidad puede serlo.

Entonces comprendí que lo mejor siempre fue nunca haberme casado contigo; no porque fueras la única mujer con quien quisiera compartir mi vida, con quien quisiera criar a mis hijos, sino porque ahora tienes toda la felicidad que ni yo ni nadie podría haberte dado. Verte tan feliz me hizo pensar que sólo fui un escalón de cinco años (un escalón feliz) hacia este momento. Al verte así, tranquila en un corazón con forma de triángulo, supe que todo pasa por algo en tu vida. Que yo contigo le ocurrimos al destino. Y que fuimos felices. Lo sé, llegaste en el momento en que te esperaba. No hubo sorpresa alguna cuando te hallé…

El día en que cruzaste por mi camino, tuve el presentimiento de algo fatal.

Soundtrack de una película que nunca verás III

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Cuando salimos de la preparatoria uno de los Julios nos envío un correo ¿lo recuerdan? Sé que no, de los tres yo era el de memoria más extraña. Pero yo lo recuerdo. Decía que la vida era un tren y que había personas que viajaban contigo toda la vida; otras un tiempo; otras sólo unos días. Y él nos decía que ignoraba qué clase de pasajeros éramos, pero nos agradecía de antemano haberlo acompañado. Él fue el primero en desaparecer; luego Chog; y luego poco a poco todos nos fuimos difuminando, a veces poniendo resistencia, a veces simplemente dejándonos ir a merced de las corrientes que nos terminaron por separar.

Recuerdo esos años con cuidado. Me dan miedo; me aterran. Me preguntó cómo sobreviví; y la respuesta es fácil, por ustedes dos. Y a veces pienso que ustedes dos sobrevivieron por mí. Ignoro por qué no teníamos el equipo necesario para sobrevivir a la preparatoria, por qué odiábamos tanto estar vivos, por qué nos sentíamos tan fuera del universo… o por qué simplemente no lo aceptábamos como ahora lo hacemos, tomando nuestro lugar en la periferia, calladitos y contentos, con el único gusto de sabernos (o imaginarnos) otra cosa, otra cosa distinta a los demás.

Pero incluso la vida nos alejó. Yo me mudé a la provincia, la Lakra comenzó un descenso escabroso y tú simplemente un buen día decidiste desaparecer. Hace unos días, de regreso de casa de Gaby, encontré a un tipo que se parecía mucho a ti. Me miró y lo miré. Era gay, como tú lo eres. Obviamente apresuré el paso, pues no quería que la mirada se prestara a malas interpretaciones. Y me pregunto qué será de ti. Porque si un día la tortilla da la vuelta, veréis que somos pocos los que quedamos en cubierta. El uno, el dos y el tres y para contar.

Somos sólo tres polillas que da tanto dar en el cristal se han colado en la bombilla...

Soundtrack de una película que nunca verás II

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No creas que me he olvidado de ti. Sé que el tiempo no jugó a nuestro favor; pero, qué no ves, el tiempo tiene esa mala costumbre: de esta vida nadie sale ileso. Como decía Santa, el amor siempre llega muy temprano o demasiado tarde, nunca a tiempo; y no sé si tú me llegaste tarde, o yo fui quien no supo dar contigo. Lo cierto es que la primera vez que te vi no reparé en la cara que después me haría suspirar, ni el cuerpo que después sólo querría recorrer una y otra vez. Y la forma en que iniciamos tal vez no fue la mejor; estaba encandilado de tu amigo, pero en realidad sólo estaba demasiado solo. Pero eso no importa. Te conocí en diciembre y hacía frío; te conocí comiendo ensalada en un Vips y desvelándote cuando tú duermes tan poco y trabajas tanto. Y entonces comenzó el juego que siempre jugamos: ora yo era gato, ora tú ratón; y visceversa; y al revés; un juego de manos que se enciman.

Y cuando te conocí escuchaba mucho esta canción. La escucho y sólo puedo pensar en ti. Y en lo injusto que fue conocerte cuando ya tenía un pie de salida, cuando llevábamos tan poco tiempo… pero también pienso en lo irremediablemente bien que me hacías sentir, en todas las trabas que me hiciste superar, en esta clase de amor tranquilo y provisto de seguridad que me hiciste sentir hacia ti. Por mucho, siempre serás para mí el hombre que me enseñó cómo mejora el resultado cuando lo hacen dos. Y es que lo sabes, siempre los cariñitos me han parecido una mariconez, y ahora hablo contigo con nombres de pastel. Y aunque intenté guardar la ropa al mismo tiempo que nadar, me he resignado a ir en pelotas mientras dure el mar…

Con la nariz entre tus ojos y entre un pulmón y otro pulmón el corazón...
Perdóname, Eriol

Soundtrack de una película que nunca verás I

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Hoy me sorprendí, y veo que mi sorpresa es compartida. Hace 16 años escuché por primera vez El baile y el salón de Café Tacuba. Tenía once años, era su cuarto sencillo y poco me importaba la música; mucho menos ese grupo poco apto para la moral clasemediera de mis padres. Sin embargo, sonaba en todos lados. Me gustaba su pa-parapa-eo-eo y la guitarra hipnótica que involuntariamente me hacía mover los pies. Años pasaron -cinco, de hecho-y la canción siguió sonando, sólo que ahora en casa de Mauricio, encerrados en su cuarto, viéndolo fumar (yo era un ñoñazo).

Pero poco importa el pasado. Hoy, tras 16 años de sonar en mi cabeza y de emocionarme cuando en modo random se escucha por alguna bocina del mundo, descubrí que la canción habla del amor entre dos hombres. Sorpresa matutina. Revisé la letra en internet. En dos sitios. En tres. En todos la misma frase:

Y así bailando quiero
que me hagas el amor,
de hombre a hombre
voleuz-vous coucher avec moi?

Se me cayó la cara de emoción. Claro, después comencé a buscar su impacto en la -horror- vida gay y noté su intrascendencia. Nada, ni un blog que le dedicara un post entero; cero: a ningún jotillo la canción le ha dicho lo que a mí ahora me dice, lo que a mí ahora me recuerda, lo que a mí hoy me hace sentir. A lo sumo encontré blogs de machos cabríos heterosexuales que se quejaban del homoerotismo de la canción (quejas que van desde el franco asco hasta el discreto repudio recubierto por lo políticamente correcto, aduciendo que desde el momento en que notaron esa estrofa “ya no se sentían del todo identificados”). Puaj.

Pero de nuevo, eso no es lo importante (lo importante es lo siguiente: tengo ganas de decirte tantas cosas…), y rompo el paréntesis, qué manía la mía de susurrar incluso en mi blog. –> Qué puedo decir a mi favor, doctor Freud, tengo tantas cosas por decirle, pero me las callo. Y cuando le doy play a esta canción se las digo sin decírselas (claro, en mi cabeza, pero ya sabe, todo ocurre en mi cabeza). Y qué diablos, no es tan grave. No quiero decirle que lo amo forever and ever como quinceañera enamorada; ni que quiero ser su novio (al menos no ahorita): sólo quiero decirle que yo que era un solitario bailando me quedé sin hablar, mientras tú me fuiste demostrando que el amor es bailar…

 

Y sí, bailando quiero que me hagas el amor, de hombre a hombre, voleuz-vous coucher avec moi...