Pensar la forma de no pensar

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Me caga pensar. Será porque no sé hacerlo bien. Un gato persiguiendo su cola, en círculos, hasta cansarse, sin llegar a alguna parte. Pero eso no importa: cada vez son menos las oportunidades de hacerlo y… Supongo que por eso me gusta escribir. Uno puede borrar. Corregir, formatear. Abrir una nueva hoja, tomar otra libreta, qué-sé-yo, algo; y empezar de nuevo (o al menos tener la impresión de que eso es posible). A diferencia de muchos, para mí escribir no es cuestión de salud. Las catarsis suceden de otra forma. No de las mejores, creo. Pero suceden de otras formas. Escribir, para mí -grave problema- requiere voluntad, energía, disposición, entrega. Y, por qué no, ganas de sentir un placer pequeño: como caminar, tomar un café, verte sonreír. No es un orgasmo, pero mi vida no soporta muchos orgasmos; se satura, se borronea la mirada. Otra vez: qué-sé-yo.

A últimas fechas hay mucho qué pensar. Pensar y re-pensar. Y no quiero hacerlo. Me niego a hacerlo. Hoy fue un buen día (hasta que la maquinita comenzó a funcionar). Fue un gran día sin nada en especial: dos buenas entradas -creo; hamburguesa de Carls Jr.; caminata por Cefeida sin malos recuerdos; un café del jarocho; tomar una siesta; dibujar un poco. Vaya, fue un gran día. Por eso no lo quiero arruinar pensando. Que motivos para pensar los hay; que urgencias; que el dinero. ¡Carajo! ¿A mí cuándo me ha interesado el dinero? Lo gano, lo uso. Lo básico. No aspiro a lujos, aspiro a grandes días de emociones pequeñas. Lo básico. Y sin embargo entra la angustia: de dónde sacar dinero. No hay seguridades, tanto pueden pagar como no. y… ¿ves? Pensar no es bueno, por eso ya no lo hago.

Quiero dejar de pensar como se deja un mal hábito. Abandonarme a esto que tengo, a estos días de placeres sencillos y en solitario. No tengo problema con ellos… ellos no tienen problemas conmigo. Por eso, mejor no pienso.

Domingo de domingos

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Tantas cosas cruzan mi cabeza en un día que a duras penas las registro en la consciencia. A lo largo de estos meses me he dado cuenta de que mi mayor problema al escribir son los inicios. Sí, curioso. Las resonancias de esa palabreja se pueden leer aquí, en este amasijo de palabras que, cariñosamente, llamo blog: empezar, comenzar de ceros y en cero,¿Cuánto dura un inicio? y demás shalalidades. (Lo Shalalá no fue un neologismo que llegó para quedarse, ¿verdad?).

Mi vida -caótica, ahora: capitalina; (pero siempre azotadita)- se sigue desarrollando de formas inesperadas. Hay días en los que realmente pienso que hay un PLAN MAESTRO. Sí, así, con mayúsculas: un destino al que nadie escapa, un hilo tenso por la moiras, una sentencia que cae sobre uno como las palabras de las brujas sobre McBeth (Dios, pobre McBeth). Ahora me dedico a escribir ¿No es eso genial?… un timorato ¡Sí! O bueno, al menos me acerco más a que me vida consista en eso, escribir.

Mientras tanto, siento que esa visión, ese viejo sueño, va saliendo de la nada, del mundo de las posibilidades, tal y como las viejas fotografías surgían poco a poco en el papel gracias a la acción del revelador. Planes, proyectos, la expectativa de un futuro: eso vida ¿no? Y la vida es complicada; pero bueno, mis juegos, desde niño, siempre fueron complicados ¿Por qué mi vida adulta no lo sería?… Adulta… o bueno, adultescente. Como sea, insisto, esa cocina está por venir. ¡Ya está cerca! Bueno, relativamente cera.

—-Apuntes sobre la cocina: Ejem, sé que no entienden. Yo apenas lo entiendo, pero bueno, ahí les va: ¿Por qué una cocina? Bueno, para mí, la cocina siempre es y será el corazón de una casa; como el fogón de las chozas de la sierra, o el fuego de las cuevas (creo que me doy a entender). Sin embargo, más allá de eso, significa casi lo mismo que el fuego para Freud: la civilizaciónes; o lo que es lo mismo, la sublimación. Hell yeah Tatia Freud!  Tenías mucha razón esa calva cabeza y cancerosa boca. Anyway, esto viene al caso porque para mí alguien es independiente de verdad hasta que tiene que cocinar todos los días. Preparar los alimentos es la metáfora suprema de la conservación de la vida, de la procuración de la/el/los amados. No por nada si algo caracteriza a Santa (o a casi cualquiera de mis amig*s) es esa vocación a alimentar hasta dejarnos gordos de amor. FIN de las variaciones sobre una cocina —–.

¿No sería encantador escribir aquí todos los días? Sí, lo sería. Pero bueno, no me propongo ya imposibles; con todo lo que debo escribir al día, no sé si aún quede tiempo para esto. Hoy escribo porque es un día especial. Por un lado, el egoísta, mañana empiezo en mi nuevo trabajo de blogger, por el otro, el de hombre de familia, hoy mi hermano pide la mano de su novia. Sí: Mufaaaasa. En estos momentos se está bañando y yo busco la marcha fúnebre para ponérsela en cuanto salga de la regadera (y el premio para mejor hijo de la chingada es… ¡para el Cobayo! [Aplausos]). Ja.

En fin, así comienza un domingo. Más bien, continúa. Me fui a la cama a las seis de la mañana y me desperté a eso de las 10. ¡Pff! Pero bueno, así es mi nueva vida, mi vida que -ahora sí- parece vida.

:)

Mi nueva -capitalina, caótica, Carolina Nissen, rubia, frilancera- vida

No suena mal, la verdad…

Inicios

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¿Cuánto dura un inicio?… no sé, y si ustedes no lo saben, pues peorA a mí ni-me-vean. Es más, no sé siquiera si la respuesta pudiera ser expresada en unidades métricas de tiempo. Bien podría venir en formato de litros (de café, por ejemplo; o de alcohol, tal vez -he bebido demasiado) o de millas (recorridas en el metro; o las gratis, acumuladas por tanto viajar de aquí para allá).

Sin embargo -y en eso del tiempo somos irreductibles-, han pasado siete meses desde que tomé lo que parecía ser el último retorno en la autopista a la mediocridad académica. Pasó todo un semestre sin mí dando clases (y otro acaba de iniciar), sin mí levantado desde temprano calificando, corrigiendo, estudiando, preparando, preparándome (malditos gerundios). No puedo ser tan hipócrita: ¡Claro que me encantaría regresar a dar clases! Pero ahora sí, como hobby, como actividad pa’ conseguir un dinerito extra: nunca más como un proyecto de vida; nunca más con aspiración a ser “alguien” dentro de ese mundo confuso y caótico (e invisible, mucho) que llaman academia.

Han sido 7 meses tan largos como años. Es increíble cuánto duran las semanas, cuántos los días, cuánto las horas. Sigo sin concebir cómo tantas cosas, tantas personas, lugares y situaciones (todos con esa etiqueta aún de “nuevas”) pueden caber en tan poco tiempo ¡Y lo que falta! Porque aunque no sé cuánto dura un inicio, sé que este principio aún no ha terminado. Ignoro si es el principio del fin, o el principio del fin de un nuevo comienzo, pero aún falta mucho para que cante la gorda.

He estado ausente del blog en mucho tiempo. Lo sé. Y es posible que vuelva a estarlo; ya saben la vida es impredecible y cuando uno se dedica a escribir, lo que me menos quiere, es seguir escribiendo cuando se ha terminado de escribir aquello que se supone se quería escribir pero quedó escrito a como se pudo (y se dejó) escribir. Sí tra-ba-len-guas. Pero, enigüey, aquí les dejo una lista de cosas que han pasado en los últimos tiempos:

Trabajé en un Call Center. Ah, y mi nombre de línea era Allen.
Tras mi episodio (aún no sé si psicótico o romántico -creo que lo primero más que lo segundo) me dediqué a darle vuelo a la hilacha. Foquin desastre.
Una editorial me “quesque” contrató para escribir cuentos infantiles. Pero hasta el momento, pura de árabe. ¡Putos!
Mis planes de salirme de casa de mi padre se han vuelto a aplazar indefinidamente. Vivo en la NiNiés total.
Soy Asistente Editorial en la revista Aldeano. Y soy muy feliz.
Y hay muchos planes coquetos pa’ futuro. Sólo pudo decir ¡A darle átomos!

Y bueno, así la vida. ¿Ya les deseé una vida buena? ¿no? ¡Pues buena vida y hasta la próxima! Felices trazos, gente ciberelectrónica imaginaria y así.