Inicios

Estándar

¿Cuánto dura un inicio?… no sé, y si ustedes no lo saben, pues peorA a mí ni-me-vean. Es más, no sé siquiera si la respuesta pudiera ser expresada en unidades métricas de tiempo. Bien podría venir en formato de litros (de café, por ejemplo; o de alcohol, tal vez -he bebido demasiado) o de millas (recorridas en el metro; o las gratis, acumuladas por tanto viajar de aquí para allá).

Sin embargo -y en eso del tiempo somos irreductibles-, han pasado siete meses desde que tomé lo que parecía ser el último retorno en la autopista a la mediocridad académica. Pasó todo un semestre sin mí dando clases (y otro acaba de iniciar), sin mí levantado desde temprano calificando, corrigiendo, estudiando, preparando, preparándome (malditos gerundios). No puedo ser tan hipócrita: ¡Claro que me encantaría regresar a dar clases! Pero ahora sí, como hobby, como actividad pa’ conseguir un dinerito extra: nunca más como un proyecto de vida; nunca más con aspiración a ser “alguien” dentro de ese mundo confuso y caótico (e invisible, mucho) que llaman academia.

Han sido 7 meses tan largos como años. Es increíble cuánto duran las semanas, cuántos los días, cuánto las horas. Sigo sin concebir cómo tantas cosas, tantas personas, lugares y situaciones (todos con esa etiqueta aún de “nuevas”) pueden caber en tan poco tiempo ¡Y lo que falta! Porque aunque no sé cuánto dura un inicio, sé que este principio aún no ha terminado. Ignoro si es el principio del fin, o el principio del fin de un nuevo comienzo, pero aún falta mucho para que cante la gorda.

He estado ausente del blog en mucho tiempo. Lo sé. Y es posible que vuelva a estarlo; ya saben la vida es impredecible y cuando uno se dedica a escribir, lo que me menos quiere, es seguir escribiendo cuando se ha terminado de escribir aquello que se supone se quería escribir pero quedó escrito a como se pudo (y se dejó) escribir. Sí tra-ba-len-guas. Pero, enigüey, aquí les dejo una lista de cosas que han pasado en los últimos tiempos:

Trabajé en un Call Center. Ah, y mi nombre de línea era Allen.
Tras mi episodio (aún no sé si psicótico o romántico -creo que lo primero más que lo segundo) me dediqué a darle vuelo a la hilacha. Foquin desastre.
Una editorial me “quesque” contrató para escribir cuentos infantiles. Pero hasta el momento, pura de árabe. ¡Putos!
Mis planes de salirme de casa de mi padre se han vuelto a aplazar indefinidamente. Vivo en la NiNiés total.
Soy Asistente Editorial en la revista Aldeano. Y soy muy feliz.
Y hay muchos planes coquetos pa’ futuro. Sólo pudo decir ¡A darle átomos!

Y bueno, así la vida. ¿Ya les deseé una vida buena? ¿no? ¡Pues buena vida y hasta la próxima! Felices trazos, gente ciberelectrónica imaginaria y así.

 

 

 

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Un comentario en “Inicios

  1. La reina del rivotril

    Awwww, casi me haces llorar, pinche Cobayo. Me da muchísimo gusto que retomes el bló, aunque sea dos segunditos, extrañaba hartísimo leerte. ¡Ah! Eso sí, debo quejarme de tu etiqueta minimalista, pos este *guiño guiño*.

    Adórote, cabronzuelo.

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