Una vida en metros

Estándar

**8 meses**. Póngale los adjetivos que se les vengan a la cabeza; ha habido un poco de todo, cualquiera les irán bien a estos 224 días –y contando *¡Gulp!*. Ha pasado mucho, pero eso sí, de lo bueno; tanto que ni me la creo. (O me aferro a creerlo. Y si lo hago –si en verdad lo he hecho– me seguiré esforzando en hacerlo).

Como era de esperarse, **nada está saliendo como yo esperaba**. Ha sido traspié tras traspié. Y creo que he pasado más tiempo en el suelo –ya sea cayendo o levantándome– que realmente caminando hacia donde quiera que se suponga voy. (A todo esto, ¿hacia dónde voy? –¡Hola Histeria!: AGH). Sí, me la he pasado en el suelo, pero aquellos que caminan derechitos derechitos, con el cuello bien estirado, no tienen idea de la cantidad de tesoros que uno levanta del suelo. A ras de piso me encuentro (y lo digo en muchos sentidos. Más de dos. *Aí* se los dejo de tarea).

También me han pisoteado. *Auch*. La cara, el corazón, el orgullo y los cayos. El DF –me cae– se resume en un viaje en el Metro. Y no está mal, créanme. (Podría estar peor. *véase: Puebla*). Mucha gente, muchos roces; tantos que a veces pienso que, [como en el cuento de Cortázar](http://www.metrodelegados.com.ar/spip.php?article318), voy a terminar desintegrándome por tantas *frotadas* involuntarias. Seré un hilacho de lo que antes solía ser.

A últimas fechas digo tanto y, a la vez, nada. Pero no importa, mi madre siempre decía que es mejor no decir nada cuando no se tiene nada inteligente qué decir. (Entonces, estamos a mano, porque si negativo y negativo dan positivo… Ok, no). Pero también, es cierto, ahora hablo menos –muy poco, en verdad. Hablo conmigo mismo, pero ya lo hago en voz baja. La gente se saca de onda cuando hablo solo en la calle. Y no vivo en un rumbo precisamente lindo, así que mejor: **calladito te ves menos… asaltable**. Jo.

Y todo esto iba hacia algún lado… no sé a cuál. (Bueno, eso no es sorpresa para nadie ¿verdad?). En unos días cumpliré 28 años. Sí, cada vez más cerca de los **terribles 30**. Y –créalo o no– me pesan. No en el sentido de envejecer, sino en el sentido de fracasar. Ya estoy viejo para eso de *emprender* nuevos caminos. O eso creo. Pero ya ni yo me tomo muy en serio, la verdad. Con eso de que el azote se me da re-bien, uno ya se tiene desconfianza. Oler para creer. Y es que el miedo se me huele. Miedo a… Nah, ni siquiera me tomaré la molestia. Imagínenme unos miedos coquetos; cualquiera que digan me quedarán.

Y a todo esto ¿Cómo van sus vidas?
La mía va en el metro.

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3 comentarios en “Una vida en metros

  1. Rubia piercignada

    ¿Ya andas con neurosis pre-cumple? ¡Hermano! Nunca había conocido a alguien que me la matara tan macanudamente, considera eso un pequeño y rubio éxito.

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