High (school musical) way to hell

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Qué difícil este asunto de intentar ser adulto sin serlo. Deudas, multas, dinero ¿De qué círculo del infierno vienen? Lo pregunto para ver si ahí pesco algo. Claro — sueño guajiro– pescar un billete tendiendo el hilo desde la orillita, apenas con los pies asomados, como un Tom cualquiera. Claro, las mismas imágenes de siempre: el lirio en el pantano, el outsider, blah –qué más da. Volviendo a lo mismo: escucho el teléfono y contesto (o peor ¿fui yo quién hablé? Al parecer soy de los que ordena las desgracia por teléfono –30 min. o su pesar será gratis) y esa pequeña catarata de palabras comenzó a chorrera en mí; en mí, claro, escuchando, pero también llevándome encima, en un barril: maldito peligro, sinsentido y todo eso. Como sea, problemas, problemas, problema-$. Ah, dinero, en qué árbol creces para ir a cortarte (lo olvidaba, que tonto, ahora vivo en al ciudad y aquí no hay huertos; mala suerte, suerte para la próxima vida).

Ah, dinero. Hacienda ¿qué más quieres? For real. Dime ya. ¿Qué necesitas? ¿Más dinero? Multas imaginarias, multas que nunca procedieron, multas que se pagan una y otra vez. Estúpidas políticas del País de la Maravillas. Estúpida irracionalidad burocrática. Artífices del sinsentido. Otro requerimento ¿Por qué no? Ah, y su aliado, señor contador. Que habla severo y dice, que afirma y dice, que habla severo para decir que le falta su depósito. Y lo sé, todos tenemos hambre, todos tenemos familia que dependa de nosotros (ja, menos yo, claro), todos lo que sea. Da igual. Como sea. No tengo dinero, cómo nos arreglamos. Y ni con un arrimón se arregla, carajo. Pero como sea, qué más da, si para eso es el dinero, para dárselo a otros imbéciles después de tú trabajar como imbécil por él. Ecuación completa, el universo tiene sentido. Vámonos a dormir.

Ah, tan fácil como cambiarte de ventanas. Clic aquí, allá y de regreso. Cruz, cuadro, línea. Esa fantasía de controlar lo que ves, lo que piensas. Darle cruz a los problemas, maximizar la procrastinación, minimizar el tiempo. Que ojalá tiempo fuera dinero. O lo es, pero sólo cuando es menester perderlo. Pero eso sí, acumular tiempo no es acumular riqueza. Aunque hay quienes afirman que la riqueza se mide en tiempo. El rico posee el tiempo del mundo; y con él velocidad. El pobre no. ¿Así será? ¡Qué sé yo! Yo, a lo sumo, conduzco a 60 km/hr. Sí, algo más de qué burlarse (¿Para eso somos amigos, no? A últimas fechas les divierte eso ¿no? Anden, diviértanse con eso. Pero –cuota– lo harán a la distancia. Más vale solo que… con ustedes). ¿Pero a dónde iba? A ningún lado, claro.

Y es cierto, poco importa que vayas en la high way to hell si de ella haces una road movie. Móntame vaquero y otras frases así –sa-sa-salvajes– qué decir desde una ventanilla baja, fumando con el pelo largo –larguísimo– ondeando en el viento. Y puedo verla, pelilarga, rubia, de lentes con marco verde. Su pelo al viento, la velocidad a su pelo, el aire a su pelo. Y fumando, y riendo, y qué importa a dónde vayamos. Tenemos gasolina. Porque él conduce. Y es como el video de Crazy, pero sin lesbianas. Pero igual, idéntico: desenfrenado e inútil, edulcorado e inofensivo (por eso los videos duran unos minutos; uno se vuelve loco por minutos; si no, no regresa; y así). Pero sí, el coche, dándole duro, rompiendo pavimento, rumbo a ninguna parte. Si de por sí arruinaremos nuestras vidas (si lo dice el tarot, si lo dicen las runas y las estadísticas del INEGI y el orientador vocacional) qué más de que nos vayamos a la chingada rapidito o con calma. A la chingada vámonos en chinga. Y tú, putilla, bailando al infierno.

Como sea, qué calma, qué paz. Gracias plástico por forrarme, por cuidarme, por dormirme acalorado. Ah, plástico, qué bueno que duermes debajo de mí. Así puedo orinar tranquilo en sueños. Y amanecer húmedo, como mujer caliente, pero igual, como hombre patético. Qué-más-da. Hay deudas, hay intenciones y hay fuegos cruzados. Y yo en medio claro: bad things happens to good people. No porque sea mi caso. Y que conste, no soy malo, soy bueno, aunque sea para nada. Pero dejémosle los jueguitos de palabras tontos a mis amiguitos del twitter. Un follower más al día, es la mejor vitamina. Mjmjmj. ¿Quién se acordará mañana de ellos, cuando con una crisis nerviosa… shhh, de eso no se habla. Calladito te ves menos pendejito.

Como sea, mejor prender un rato la tele y mirar por la ventana. Cenar ligero y antes haber hecho un poco de ejercicio. Escuchar a Dënver, un poco de rock, algo clásico con toques sinfónicos. Oh, qué culto. Y claro, programas selectos y cultivantes. Risas contenidas. Y status, delicioso status. Al fin que casi todo es posable. Si no vean a mi amigo que… shhh, de eso tampoco se habla. Pero bueno ¿son amigos? ¿Quiénes? Tú wey.  Yo no sé, no tengo amigos. ¿O sí? ¡Sí! Pero qué más da. Hoy no sabes lo que haces Ismael. Mejor ve a dormir (¿Recuerdas quién firmaba así? Yo no, ¿tú sí? Shhh, que de eso…).

Mañana será otro día. Qué bien. Malo que fuera el mismo. No se vale pisar la línea en la high way to hell.

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2 comentarios en “High (school musical) way to hell

  1. Katya rubia mil

    Pfff, no mames, pinche Ismael, qué fuerte. Neta qué intenso texto. Mis respetos.
    Y ya sabes que si necesitas paro de plata con gusto ajusto mis cuentas o extorsiono al que es tan pelilargo, netita.
    Hoy sí me dejaste casi sin palabras, hasta me dan ganas de robarte varias frases y tuitearlas como mías, jaja, ok, no llego tan bajo.
    Te quiero :*

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