El pokemón de Nietzsche

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Dicen que si no puedes ganar, al menos debes procurar empatar.

I

Indeed, it’s a wild world, señor Stevens. Como dice, muchas cosas lindas se tornas malas acá afuera; y sí, es difícil sobreponerse tan sólo poniendo una sonrisa. (Tan sólo quería empezar algo nuevo… pero usted ha visto tanto de lo que el mundo puede hacer…). Es un mundo salvaje, señor Stevens. Y ojalá siempre me vea así, como usted dice, como un niño. (Hay mucha envidia aquí afuera… y aquí adentro; adentro, donde conviven los eones –ya escuchó a mr. Morrisey: nos da envidia cuando nuestro amigos triunfan…). ¡Y vaya que si es un mundo salvaje! Pero, no olvide señor Stevens, que su vecino, el señor Reed, me invitó primero a caminar el wild side. Tal vez debía no hacerle caso y quedarme con usted, pero… pero mejor recuérdeme así, como un niño (and the college girls go…). Sí, yo también le quiero. Gracias por todos sus consejos.

II

No, no creo algún día despertar convertido en el súper-hombre. Ni siquiera en el de las masas (usted disculpe, señor Eco). Pero siempre nos quedará Pokemón. Porque en mi neurosis vislumbro el derecho a no pokevolucionar, como Pikachú. Sea por una sentimentalidad absurda, sea por una convicción moral. O incluso –permítaseme el fatalismo–, porque me es imposible. No confunda el síndrome de Peter Pan con mi enanismo emocional. Siempre cabrá la opción de que maduré demasiado joven, y al seguir creciendo sólo me quedó la opción de pudrirme, como la manzana de Champagnat. (Mejor retirarla del cesto, hermanos, porque esa manzana pudrirá al resto). Y es que en un mundo de posibilidades infinitas me encuentro siendo un ser finito, sujeto al azar más que a la razón, a la marea más que a la voluntad. Y si el destino del salmón es nadar a contracorriente para morir en la cima, yo prefiero nadar con la corriente para vivir eternamente río abajo.

¿Qué significa madurar? Crecer es un foursquare eterno. Hacer check-in en diversos lugares: en la escuela, en la universidad, en el primer trabajo ramplón, en los subsecuentes ordenados a manera de escalinta, en la cima, donde todos te vean. En la vejez, en la esquela funeraria del periódico. Pero eso, dicen, no es madurar. Una cuestión de actitudes, supongo, de forma, de estilo. ¿Realmente se puede vaciar el contenido? Dejar de pensar lo que se pensaba, dejar de creer en lo que se creía? O tan sólo parcharlo, tan sólo darle un giro, tan sólo adaptarlo. ¿Se puede pokevolucionar para tener más poderes? Poderes como pagar las cuentas del mes, por ejemplo. Poderes como comprometerte en una relación tradicional. Como tener un trabajo de 9 a 6. Como un coche del año o una casa en un bonito fraccionamiento de paredes altas altas, donde nada –salvo la envidia– pueda entrar. Pero eso, dicen, no es madurar.

Yo no sé qué es madurar. Provengo de una generación que a los treinta usa converse. Provengo de una generación donde el grado académico es un batch. Provengo de ninguna parte… voy camino a ninguna parte, pero tengo prisa de llegar

III

It’s a wild world… walk in the wild side.

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Un comentario en “El pokemón de Nietzsche

  1. Rubia

    Olvidaste que tal vez Pikachu no pokeevoluciona porque los riachus son feos como una mentada, y se niega a dejar de ser tierno. Tal vez tú serás un forever tierno :3 Ahora que creo que Freud te dañó gravemente porque tu idea de “madurar” está taaan anclada a la idea particular clasemediera del mundo capitalista que qué horror. ¿Ves? Y tú que tanto reniegas de la psicología, ja.
    Besu.

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