Imanes somos

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Podría tirar todos mis libros a la basura. No sería una gran pérdida: el papel sólo hace más lenta la agonía. Basta pasar mal la hoja para dejar entrar lo efímero en forma de fractura, de hoja rota, de pequeña desgracia. Basta un dedazo para evidenciar lo imposible que es un texto perfecto. Una hoja rota, una fe erratas. También, me temo, le sobrarán los errores a esa persona, y bastará –mira que bien poco basta– para romper el encanto (¿hechizo?) de los días felices que dijiste desbordaron el calendario y, ahora, dices en realidad no eran tantos. Una hoja rota, un fe de erratas, un corazón decepcionado. Y también, mira qué delicado es todo, un pequeño coágulo, un defecto genético, una mala caída, un puto tropiezo perfecto: sí, poco basta para que también se termine ese milagro de la retórica que llaman vida. Una hoja rota, una fe de erratas, un corazón decepcionado, una vida desperdiciada…

Como el gato que te mira desde el librero te observo. Acostumbrado a las miradas, te dejas. Y eso que crees es amor, en realidad es sólo un experimento de clase de ciencias. Compruebo lo que de antemano está comprobado. Pero no te preocupes, de ellos no te darás cuenta. Soy un profesional. Y te seguiré mirando, esperando un error (pasar mal una hoja, romper un encanto, un mal tropiezo, un teclazo inesperado) para comprobar mi hipótesis: eres tan infeliz como yo, pero a diferencia mía, no dejas la actuación para el escenario. ¿Enfermizo? Lo es. Pero eso todos lo sabemos –lo hemos visto, lo hemos leído, lo hemos comprobado– soy un ser enfermo y enfermizo, portador de un psique reblandecida y unos brazos lánguidos. Te miro, sin que sepas, sin que a ambos realmente nos importe. Porque, me temo, esto va más allá de ti o de mí, esto es un experimento escolar sobre la vida en la tierra: somos imán para el fracaso, que tu metal esté más lejos no significa que no lo estés llamando.

Qué bajo y cándido puedo ser al mismo tiempo. Cuánta ingenuidad puede caber en mis actos inmorales. Pero no me mires feo. La única diferencia que media entre tú y yo, entre el mundo y yo, es que yo rompí desde hace mucho la hoja. Y no me preocupa, el mayor de mis males –el que más pesa– será el único beneficio al que podré optar: lo efímero como última respuesta a esta gravedad de imán. Celebremos nuestras pequeñas desgracias. Brindo por las tuyas, anticipado.

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2 comentarios en “Imanes somos

  1. SANTA.

    Amado y amante mio…Mi amor por usted cabe en una cuchara, en una bolsita de té, en un dedal.
    En una línea de puntos, en un ojal.
    Bajo la alfombra, detrás de la puerta, entre dos páginas.
    En el bolsillo de su pantalón, en el primer cajón de la cocina, en un vértice, en una baldosa.
    Puede doblarse en dos, sin naftalina,y guardarse hasta el próximo invierno
    Es resistente. Elástico. Maleable.
    No se lava ni centrifuga.
    No lleva pilas ni gasta corriente.
    No ensucia, no contamina.
    Puede comerse con la mano o con cuchillo y tenedor.
    Es cauteloso y paciente.
    Honesto y testarudo.
    Confiable y benévolo.
    Este amor No etiende excusas ni improvisaciones, ni entiende ausencias imprevistas.
    Mi amor no busca salvarlo, ni conmoverlo
    Ni transformarlo, ni exigirle, ni reclamarle…
    Se conforma con vigilar su desvelo detrás de la cerradura.
    Con hilvanar sus lamentos y ayudarlo a tejer esperanzas…
    Simplemente con sostenerle con broches invisibles cuando soplen malos tiempos…Ahora comprendo el porque me siento irremediablemnte atraída por usted. Brindemos por eso!!

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