Irreconocible

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A un año. Casi. Y de alguna manera, me cuesta reconocer que no soy el mismo. Miro alrededor; observo lo callada que es mi oficina. (Sí, me he armado una oficina donde antes era el estudio de relojería de mi abuelo). Hago un recuento de rutas y pasajes; de destinos y estaciones. Mis favoritas, aún por mucho: Etiopía, Xola, Auditorio, Insurgentes. Mis lugares, porque me los he ganado a pulso: Plaza Río de Janeiro, mi banca en Reforma, el pasto detrás de la biblioteca de Alameda Norte (a pesar de todo), Plaza de la Rana Cantora con un cigarro en la mano, la Botica, la tienda de empanadas coreanas, la fonda Coyoacán, la fuente de la Conchita, el vortex, la estatua del Sereno. Mis recuerdos, mis amigos –los viejos y los nuevos–: Un taxi, estacionado en El Borrego Viudo, con mi Rubia y un perfecto desconocido; Gabrielle, perdiendo la fortaleza, comparándonos con plantas y macetas, soñando un sueño; Léster, a mi lado, en el octavo círculo del infierno; Adair, Roberto y David, en silencio y con los ojos llorosos, con el ceño fruncido, con las esperanzas hechas trizas; Steven, el gringo que más quiero, con Óscar, resguardándonos de la lluvia; Luis, Jorge, Ezhaym (y por qué no, David, Axel y otros proyectos fallidos; y otras camas, otros tiempos, otros ámbitos… mira que ya los secuestró el olvido); Alfredo, sentado conmigo, aterrado por una paloma; Aldo, abrazándome en Coyoacán; Miriam, bebiendo café conmigo en el “comedor” de Visión Digital, planeando un comlot; Adriana, observando a los granaderos, tomando fotos, sonriendo… Mi cama, donde murió mi abuela; donde murió mi abuelo; donde murió mi tío; donde ahora yo duermo. Y mi trabajos: Ceneval, Western Union, Telvista, Aldeano, Fernández Editores, Edisso, Punto de Fuga, Visión Digital, Vivir México, Rizoma. Y mi sueño: escribir. Escribir todo el día, a todas horas. Vivir de escribir. Sí, soy irreconocible. (ése que se bajó en Xotepingo, no en Nezahualpilli). Hoy terminé de escribir una novela que –espero– en cuestión de meses será publicada. Mi primer novela; la primera por la que, en algún momento, recibiré regalías. Si todo sale bien, ingresaré a ese panteón personal: la segunda generación de “escritores de casa” de Fernández Editores… Qué irreconocible…

 

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3 comentarios en “Irreconocible

  1. rroto

    Siempre he sido espectador pasivo de su blog, viendo detrás de la cortina, oculto en las sombras. Este post me hizo soltar la lágrima. Qué bueno tenerlo de vuelta. Bienvenido.

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