El sueño de escribir en pijama (como una banana)

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El domingo cumplo seis meses trabajando en Hipertextual. Y sé que a muchos les parecerá el pretexto más anodino para celebrar. Seis meses no son nada. Seis meses se pasan volando. Vamos, que ni siquiera son suficientes para que un ser humano se termine de gestar. ¿O acaso han escuchado hablar de un seismesino? No, yo tampoco. Sin embargo, ese 14 de febrero, a las 9:00 –un lunes, por cierto– tomé la primera decisión de mi (no tan) nueva (no tan) vida. Aposté, quizá sin saberlo, por un sueño que hasta hoy he sabido que ni es únicamente mío, ni es del todo descabellado: el sueño de escribir en pijama.

Medio en broma, medio en epifanía, hace no mucho tiempo caí en cuenta de una asociación curiosa. Involuntaria claro, como todas las asociaciones que vale la pena citar. El Jardín de Epicuro, ese remanso de tranquilidad amurallado por la auto-mesura y la amistad –temas recurrentes en este blog–, aparecía como una tímida referencia en Bananas en Pijama, un programa infantil transmitido en Nickelodon hace poco más de una década, donde sus personajes –Bananín y Bananón– dedicaban la vida al aprendizaje de su mundo, rodeados por sus amigos y vistiendo capítulo a capítulo sus inconfundibles pijamas. ¿Existe acaso otra vía hacia la ataraxia  más agradable que ésta? ¿No es lo mismo que Epicuro de Samos proponía como la mejor de las vidas que podría tener el ser humano “despierto”?

Incluso su trasfondo homoérotico –similar al de Beto y Enrique en Plaza Sésamo– parece apuntalar mi hipótesis. Epicuro pedía, en este mismo tenor de autocontrol y felicidad duradera, se evitaran todas las pasiones. Un amor tranquilo y sosegado –prácticamente filial– debía inundar el corazón y convertir a nuestra pareja en eso: en una compañera o un compañero que, además de cultivar el jardín, nos acompañara en la labor filosófica; el aprendizaje de este mundo –de la verdad de este mundo–; de la ataraxia. ¡Qué maravilla! Una vida dedicada al placer duradero que no se encuentra en el orgasmo ni el exceso, sino en el cultivo tranquilo, en la paz –que a la larga– se demuestra más bella y duradera. En la felicidad, en evitar el dolor.

A semejante chorrada llegué como se llega por lo general a todo lo bueno en la vida. Sin saber cómo. Un buen día –un día pesado– apagué el monitor y me dirigí a mi cama. Al llegar al cuarto, caí en consciencia de que, en todo el día, no me había mudado la pijama. ¿Qué había hecho durante toda la jornada? Nada fuera de lo normal; lo que desde hace seis meses es mi vida: levantarme poco antes de las seis y escribir hasta que termine el día. Escribir chorradas como ésta. U otras un poco más coherentes. Pero al final del día, chorradas. Tonterías. Textos efímeros que de una leída no pasan; que como hojas de árbol cumplen una función y después mudan con el otoño. Escribir nada más. Nada que se parezca a una novela; o a una declaración honda de sentimientos. No, nada. Sólo las entradas habituales en el blog del trabajo; los artículos para las revistas que trabajo; unos cuantos twetts; unas cuantas líneas en los mensajeros; quizá un par de mails. Nada.

Sin embargo, aquel descubrimiento me ha hecho feliz. Hoy, que estoy en la víspera de mis primeros seis meses viviendo el sueño de escribir en pijama  –ya pasa de la media noche–, se me dibuja una sonrisa cansina en los ojos irritados, a pesar aun del dolor de muñecas y las molestias en las espalda. Una sonrisa pírrica, quizás. Una mueca que apenas si puede transmitir por sí sola la idea de felicidad. De felicidad sosegada. De felicidad de una banana –o un cobayo– en pijama.

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4 comentarios en “El sueño de escribir en pijama (como una banana)

  1. Alfonso

    Por alguna razón la ilustración me parece más bien como de un fantasma en pijama (?). A mí me pasa algo distinto. Yo quiero un trabajo en el que pudiera escribir todo el día en pijama, pero no lo haría. Tendría que salir a orearme. Calvino decía que “Ponerse a escribir con ahínco no evita que llegue una hora en que la pluma sólo rasca polvorienta tinta, y no discurre ya ni una gota de vida, y la vida está toda fuera, fuera de la ventana, fuera de ti, y te parece que nunca más podrás refugiarte en la página que escribes, abrir otro mundo, dar el salto.”

    • ¿Si le digo que sigo rumiando su comentario? ¿Si le digo que en parte, sí, es un fantasma? ¿Si le digo que, a veces, uno también sueña con fantasmas? Si le dijera eso, no estaría mintiendo.

  2. El juntacadáveres

    Aplausos…

    Hace ya bastante que no me pasaba por acá, da un gusto enorme leerte… siempre me ha gustado tu escritura y volver ahora me reconforta… gracias por no dejar de escribir… creo que ahora sí volví

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