Coincidencias

Estándar

Amberes

Desde hace un mes, nuestro “bar local” corre bajo nueva administración. Entre las mejoras –además de agua corriente en los baños y “meseros sin actitud”– se cuenta a un DJ. Uno ecléctico, a quien poco le sonroja pasar de The Beatles a Gloria Trevi; o de The Cure a Ella Fitzgerald. Y he ahí la primera coincidencia: al empujar, de par en par, sus puertas al estilo “viejo oeste”, nuestros pasos coincidieron con los primeros acordes de Boys don’t cry. A la emoción y cabeceo discreto –propio de quien se tropieza con la felicidad, como lo hiciera con un taburete inesperado– le siguió una tristeza debilucha, casi apenas nostalgia, como un paño húmedo para bajar la fiebre. La suficiente, apenas, para torcer la boca y mirar el suelo. Para recordar –recordarte– que, pues… los chicos no lloran.

Londres

¡Cuánto puede envalentonarme un rechazo! Ahí me tienen, efigie de lotería, parado a la mitad de la pista. “El Valiente”; botella en mano. Ocultando un ligero temblor de rodillas. (Una de las locas se parecía tanto a ti). Y de la nada, como un pozo en el desierto, aparecen dos rostros conocidos; una pequeña fortaleza. Javier y Sergio habían caído –azares– al mismo lugar que nosotros. Su presencia me acercó un poco más a casa; me alejó de las metáforas de rosas y zorros. Un encuentro feliz.

Tigris

Amanecer destrozado se ha convertido en una costumbre. Revisar Twitter desde la cama –aún con un poco de buen ánimo (sólo un poco)– es parte del rito. Entre las actualizaciones, encontré una de Roberto. Compartió un vínculo: La Nasa ha anunciado que un asteroide del tamaño de un portaaviones pasará muy cerca de la tierra. De alguna manera, al leerlo, supe lo que sentía la tierra: siento lo que debe sentir la tierra. Un campo gravitacional, la inminencia de un desastre. La renuncia de Pepe a Hipertextual y de Becky a la coordinación de Extracine han sido focos rojos para disparar –horas antes– mi conocida angustia de domingo. Aunado a ello queda ese regusto en la boca del espíritu; ese saborcillo acre a rechazo, a ego lastimado y amor dolido. Mi vida profesional puede no ser la mejor –y puedo tolerarlo–, pero que mi vida personal también sea un desastre… eso me pone… raro.

Ojalá pensaras en mí, no sólo cuando estoy conectado (especialmente, cuando no lo estoy).

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