400 entradas después, sigo siendo el mismo

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400 entradas
después, sigo siendo el mismo.

El 2 de abril de 2005,  di el último borrón y cuenta nueva a mi bitácora. Una mala costumbre, quizá, de la que me costó desprenderme. Perdí algunos años, transcritos en palabras. Sucesos bochornosos; pequeñas victorias; derrotas anunciadas a todo lo alto. Quizá, incluso, recuerdos que ahora están perdidos. Pero me consuela pensar que el registro de toda una vida nunca será perfecto. Que incluso, a esa vida, se le fueron algunos momentos importantes; como robar un beso, quedarse callado o dar vuelta en alguna esquina equivocada. Si a la vida le faltó vivir… qué puedo esperar de una bitácora.

Esos años perdidos, tal vez no fueron los más oscuros. Tampoco los más difíciles. Pero sí los primeros. Cobrar, de súbito, una voz propia puede ser un suceso traumante. No todos al ver nuestro reflejo por primera vez queremos besarlo, como Narciso. Habemos quienes nos ahogamos de otras formas. Y así me explico esos años borrados. Esos primeros intentos de registrar mi vida, de darle el valor que la existencia día a día merma. Con todo y que, años después, volví a borrarme. Volví a desaparecer entradas. Volví a tirar(me) la piedra y esconder la mano. Pero no importa. El registro de una vida jamás será perfecto. Y muchas cosas importantes siguen aquí, colgadas. Muchas de ellas, incluso para mí, cifradas. Inentendibles. Y así está bien, porque a ciencia cierta yo tampoco entiendo muy bien que digamos de qué va esto de vivir.

Ayer, sin que el Juntacadaveres los supiera, salí a festejar la entrada número 400 con él. Igual que a Gerardo, conocí a muchas personas a través de este necio acto de poner por escrito aquello que no puedo entender; aquello que me sobrepasa; aquello que simplemente es tan fugaz, que debo ponerlo por escrito para sentir que no me muero de la tristeza de ver que tanto lo bueno como lo malo se va. Que no hay dolor lo suficientemente grande como para que deje de ser yo mismo; y tampoco alegría, placer o desamor. Entonces, sin que lo supiera, salí a festejar con él. Porque así esto de bloggear: es personal y único. Es secreto. Es privado. Porque a pesar del esfuerzo pornográfico en mostrar las cosas desnudas, éstas nunca se muestran tal cual, plenas en su obscenidad.

Muchas y muchos de quienes empezaron esta carrera por escribir ya no lo hacen. Se han tomado un descanso –quizá demasiado prolongado–. Han rectificado el camino. O, como yo, han encontrado otras formas de escribir que los aleja de sus bitácoras. Ahora que el blog es un medio de información, con responsabilidades y deberes, con proyección al futuro (y el poder, la fama y el dinero), todo lo que parecía bueno de un blog se ha perdido. Sin embargo, me queda este pequeño placer de nunca ser famoso. De ser un eterno perdedor. De no destacar, ni dejar de ser un bajo perfil, ni de hacer de esta, mi memoria, un objeto de aparadores, sino tan solo una frase obtusa en la pared de un retrete.

Gracias a todas y todos por estas 400 entradas. Por estos nueve años bloggeando (aunque sólo quede registro de los últimos siete). Ha sido un enorme refugio esta madriguera; esperemos que le sigan creciendo cámaras, como a mi vida le siguen saliendo calles y personas.

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Un comentario en “400 entradas después, sigo siendo el mismo

  1. Supongo que a veces se necesita. Borrar todo y empezar de cero. Como perfectos desconocidos. Aunque nunca se acaben de olvidar algunas cosas que creemos recordar tal como sucedieron.

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