Dramas. Son la sal de la vida. O peor aún: la salmuera

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Dramas. Son la sal de la vida. O peor aún: la salmuera

Toda la miel que sudamos durante el enamoramiento termina convirtiéndose en dicho líquido salino. De ahí que a todos –incluso al dramiente— nos sea tan difícil de tragar.  Sin embargo, como todos los procesos del metabolismos sentimental, es imperioso que el dramante “eche pa’fuera” la sustancia maligna que lo enferma. Como sabemos, un alta concentración de salinidad en el agua es capaz de eliminar toda forma de vida; basta imaginar qué puede pasar cuando la salmuera se almacena en la sangre.

Al ser, eminentemente, cursilería “echada a perder”, no debe asombrarnos que las metáforas, juegos de palabras e incluso acciones del doliente estén impregnadas de este facilismo poético que tan disonante es a nuestros oídos y buen juicio. Sin embargo, nunca debemos olvidar que no es el dramoso quien habla; o no, al menos, quien habitualmente es. Máxime cuando éste, o ésta, ingieren alcohol o escuchan música tan disonante como sus malestares; ambos, dicho sea de paso, emulsionantes de la salmuera emocional.

La prevalencia de esta condición afecta a la mayoría de la población, siendo el periodo de exposición de síntomas variable dependiendo del sujeto y las condiciones vitales que le rodean. En casos atípicos, este conjunto de síntomas pueda ser bastante prolongado, llegado a presentarse recaídas, conocidas popularmente como: “goei, me encontré a mi ex”. Estos episodios generalmente se acompañan de aumentos súbitos en la presión cardíaca (quizá debido al sodio presente en la salmuera), taticardías (ídem) e incluso quebrantamientos nerviosos. Aunque, por lo general, entre más tiempo haya transcurrido entre el episodio inicial y la recaída, tienden a ser menores, llegándose a suavizar los síntomas.

Hasta ahora, no existe remedio para esta condición. Sin embargo, se ha comprobado que la expulsión abundante de líquidos salinos como las lágrimas y el sudor ayudan a que la salmuera  emocional sea drenada. Los resultados experimentales en torno al uso de emulcionantes como alcohol y música dolida son contradictorios, pues mientras unos señalan que sus efectos son benéficos por propiciar el llanto –y, por ende, el drenado de esta sustancia salina–, otros autores marcan que puede llegar a generar nuevos brotes de salmuera dentro del cuerpo, debido a los coros facilistas y torpemente poéticos que estimulan al organismo a reproducirlos.

El papel de la interacción social en este padecimiento también es discutido. Mientras especialistas en la materia señalan que la reactivación de la libido conocida coloquialmente como “sexo por despecho” o “un clavo saco otro clavo” puede llegar a eliminar esta solución debido a la eyaculación masculina o femenina, otros investigadores señalan la imposibilidad de una mejoría real ya que esta clase de interacciones humanas tiende a producir cursilería, la cual, como sabemos, es el agente precursor de la salmuera.

Las relaciones amicales o entre pares han demostrado mejorías significativas, aunque temporales. Hasta ahora, el tratamiento recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es el mismo que para otras gripes emocionales. A saber: descansar, abundancia de líquidos, evitar los lugares públicos que sirvan de escenario para dramas y esperar a que el sistema inmune del cuerpo logre desintoxicarse a través del paulatino regreso de la razón y el buen juicio. Tratamientos adicionales como amigos tolerantes y con ligeras dosis de sarcasmo o valemadrismo también han demostrado mejorías.


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