De la historia, el tiempo y otras brillantes estupideces

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I

Esfuerzos tímidos. Si Momo es incapaz de respondérselo, si Marco duda más de lo habitual para zafarse de la pregunta…; qué consuelo puede quedar a los medianos como yo. Como mis amigos, ignoro si la Historia –sí, ésa con su insoportable mayúscula, muda de indiferencia– es lineal o dibuja espirales a su paso. Menos sé si la historia –con esa minúscula perdidiza– dibuja ángulos rectos o casi roza los 360 grados.

La pregunta no es ociosa. Especialmente cuando uno, en la hora más oscura, se repite que El futuro es brillante. Si la historia –minúscula, íntima, deleznable– es lineal, la frase cobra con toda entereza su sentido. Pero si es espiral, por favor, no me hagan madrugar el día de mañana. Estaré demasiado ocupado temblando debajo de mi cobija, procurando no orinarme encima.

El futuro es y será brillante siempre y cuando no deba volver a pasar por el pasado. Noches en vela, mirando el vacío, buscando dios sabe qué en las horas. Mirar por la ventana y ver que todo es una compleja escenografía, literalmente. Volver a ser “puesto a dormir” por días. Pastillas: largas hileras de pastillas con efectos adversos, tan malas –quizá peores– que el malestar en sí. Horas caminando hacia cualquier parte, repitiéndome a mí mismo que todos los lugares son el mismo lugar.

No volver ahí es lo que me hace pensar que el futuro será brillante. Si la historia es espiral… dios.

 

II

Hay días en que la vida parece amable. Unos cuantos, contados con la mano. Quizá menos que días; horas, minutos. O menos: recuerdos. Sería muy chabacano decir que esos instantes hacen que valga la pena la vida. No,  a lo sumo la hacen soportable. (Aunque también, dicen por ahí, que no hay nada peor que una temporada de días felices…). Ayudan, pues, a ponerle un inicio y un final a las elipsis que hacemos cuando nos contamos la vida.

De los primeros tiempos, viviendo con Hilda y Adrián (tiempos, ciertamente, felices), hay un salto a la reunión navideña con los Fritos. De ahí, al Año Nuevo con Roberto. Y así… días y noches de ánimos estivales que se concatenan hasta las últimas noches con K., Momo, Rroto, Marco y Erik…

Juntando elipsis borro los tormentos del pasado, esperando que no se repitan.

Ojalá… qué palabra más bonita.

 

III

En unos días cumpliré 29 años. No sé si debería alegrarme. O entristecerme.

He perdido la costumbre de celebrar.

No veo por qué recuperar tradiciones.

Ni siquiera me gusta recibir regalos.

Los cumpleaños siempre son devorados por las elipsis.

Porque a final de cuentas, todo se convierte en un solo recuerdo. A dios gracias por la labor de edición.

 

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