Darle vueltas a un gato

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I

Me sorprende las vueltas que soy capaz de darle a un mismo asunto.
Ojalá describiera una espiral y no el perímetro de un círculo inamovible.
Pero si algo he aprendido con los años, ha sido a tenerme paciencia.
Mucha paciencia.
Quizá más de la que le tengo a los demás.
Tal vez, es una de esas, de tantas vueltas que le dé al mismo asunto logre marearlo.
Y así, tambaleante el pobre asunto, se caiga de bruces sobre mí.

II

Tampoco se piense que le doy vueltas a asuntos importantes.
Para nada.
Meras naderías.
A los asuntos importantes suelo atenderlos de inmediato.
Decido rápido, sin titubeos.
Aunque por lo general, decido postergar mi decisión definitiva.
Pero esa decisión ya  es una decisión por sí misma.
No todo está perdido.

III

Tener o no tener un gato.
Vaya nadería que me roba el sueño.
¿Yo para qué quiero un gato?
Mejor, cortinas, que el edificio de enfrente ya ha caído y pronto levantarán uno nuevo.
O una lavadora, para que las visitas a casa de mi padre sean eso.
Visitas.
Y no escapadas con una maleta a cuestas.
¿Para qué quiero tener un gato?
Suficiente gente ya depende de una u otra forma de mí.
Eso cuenta como un gato ¿no? 

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2 comentarios en “Darle vueltas a un gato

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