Pez de desconcierto

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La duermevela continúa siendo uno de mis momentos favoritos del día. A veces me sorprendo buscando pretextos para recostarme en la cama y echarme una cobija encima, cerrar los ojos y permanecer de pie, mirando sobre la baranda de ese puente.

Difícilmente recuerdo aquello que veo, escucho o pienso. Algunas veces, a pesar de retener algo –un nombre, una frase, un sonido–, no guarda lógica alguna. Sacar un pez de ese río es una invitación al desconcierto.

En contadas ocasiones mi balde trae sensaciones al regresar de aquella noria. Sin embargo, no son agradables. Despierto de malas, o sintiendo angustia, o herido por algo que ni siquiera puedo nombrar.

Incluso, por detenerme mucho tiempo en aquel puente, regreso con un dolor de cabeza terrible. No son pocas las veces en que por contemplar demasiado algo que no recuerdo, abro los ojos sintiendo fiebre.

A pesar de todo, en la duermevela sigue existiendo algo que siento debo traer a la vigilia. Algo que se antoja una respuesta. ¿Cómo hacerlo? Quizá algún día lo soluciones y ya veré si hay algo más que peces de desconcierto.

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2 comentarios en “Pez de desconcierto

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