Un día irrelevante

Estándar

Hoy:

Desayuné en la Plaza Necaxa con gente que –imagino– viene de lejos y no tiene tiempo de desayunar. (¿Qué pensarían de mí, que viviendo a unas cuadras y tan cerca de mi trabajo decidí pedir un café y un sandwich para llevar?).
Pensé que si en la ciudad escuchara más trinos de pájaros me sentiría mejor.
Me alegré de ver más ciclistas circulando por la lateral de Circuito Interior. Tal vez un día también lo haga.
Llegué a la conclusión de que me gustan lo perros que veo en la Condesa. (Las bestias al otro lado de la correa, no).
Me topé con unos coreanos de camino al trabajo; después con unas inglesas. Los escuché hablar. Me gustó la idea de oír tres idiomas distintos de camino al trabajo.
También me topé a Erik en Génova. No saludé a su acompañante. Soy un maleducado.
Descubrí que las personas no cruzan la calle imprudentemente si hay un policía observándolos. (No importa cuán lánguido,  poco imponente o parecido a un caballo famélico sea el uniformado).
Comí pollo marinado. Estaba crudo por dentro. Recordé Buenos Aires y el día en que no comí porque me sirvieron un pollo similar.
Tuve que rogarle a una policía que me dejara salir por la puerta de los leones. (No vi ardillas por el tramo de Chapultepec que recorrí).
Me tocó una Ecobici viejita. (Pero bonita: le funcionaban las velocidades).
Estuve desconsolado durante gran parte de la tarde: no hay forma de pagar la operación con el seguro.
Descubrí que no me han pagado las quincenas de enero.
Subí al piso 14 a una junta. (Hoy sí llevaba camisa, no playera).
Me enteré que el lunes no abrían la oficina. (No me importó mucho; estaba muy triste).
Bajé a fumar en la tarde. Pasaron muchas ambulancias. También de camino a casa. Explotó un piso de la Torre de Pemex, a algunas cuadras de donde escribo.
Me dolieron mucho ambos riñones. Oriné más sangre que de costumbre. (Comienzo a acostumbrarme; debo de).
Imaginé un lugar donde pudiéramos ser eternos; un amanecer perpetuo, donde pudiéramos quedarnos en cama y calzones para siempre; dormir abrazados, despertar igual.
Me enteré de que a Gerardo no le gusta la Casa de las Enchiladas. (Me escandalicé un poco).
Recordé la calle Tokio. Me entró mucho nostalgia.
Regué las pocas plantas que sobreviven.
Me iré a dormir temprano…

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