Migraciones en parvada

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I

De camino al trabajo, en el alto de Liverpool y Florencia, el azar reunió a un grupo de ciclistas. Habremos sido siete, quizá ocho, quizá menos. Avanzamos apenas se puso el verde, abriéndonos paso entre los automovilistas como un puño que se abre hasta dejar bien estirados los dedos. Después nos reunimos, como si se encontraran todas las yemas de una mano. Esperamos, de nuevo, en el alto; ahora de Varsovia y Chapultepec. Y con el verde volvimos a repetir el movimiento de los dedos que se extienden, después de las yemas que se encuentran. Tres dimos vuelta en Puebla, y continuamos hasta cruzar Salamanca. Ellos dieron vuelta en Cozumel, yo seguí hasta Acapulco y después por Cuernavaca. Ahora sé qué sienten las aves cuando viajan en parvada.

II

Al llegar a la oficina, Azul tenía un libro en su escritorio. Era un libro de texto impreso en el 93 para los chicos que estudian la secundaria en Italia. Era sobre literatura. Petrarca y Dante, principalmente. Hablamos del purgatorio y el infierno, de los ríos Leteo y Nemosine. De la entrada al cielo.

Ayer por la tarde, antes de salir, leí sobre los nueve cielos de la bíblia. Todo a propósito de una canción de Entre Ríos, Séptimo cielo. De ahí brinqué a los nueve tipos de ángeles que habitan las nueve esferas que conforman el cielo que proponían los teólogos medievales. Siempre había pensado que los arcángeles era el nivel más alto, pero por encima están los tronos, los querubines y los serafines (las categorías más elevadas); le siguen las dominaciones, potestades y las virtudes, para terminar en los principados, arcángeles y ángeles. Satanás, el ángel caído, era un arcángel… supongo que sólo puede liderar una religión aquel que está lejos del poder.

Tras comer un pan en forma de cara de oso que me regaló Azul, me senté en mi escritorio y comencé la rutina de abrir programas en la computadora. En Twitter, la Niña Murciélago me había mandado minutos antes algunas ilustraciones de la Divina Comedia hecha por Dalí. Las sincronía viaja con las parvadas de aves migratorias que vuelan al sur.

III

Hoy tembló, hace unas horas. Estaba en clase de tai chi practicando un ejercicio “de tierra”. El ejercicio consistía en subir los brazos, dejarlos caer al centro, rebotarlos y subirlos al otro lado; todo en una posición que llaman a caballo. El sismo ocurrió mientras nos daban instrucciones para complementar el ejercicio. Sentí el vaivén mientras el profesor hablaba. Mi cuerpo iba y venía. Y pensé que estaba mareado, pero en realidad era un sismo. Me enteré hasta termina la clase, casi una hora después. Cuando las aves migran al sur encuentran su tierra en el cielo.

IV

Dejo atrás el norte, migro al sur. Dejo atrás el verano, migro al invierno. Llevo conmigo una brújula, una camisa a cuadros, una playera a rayas, un libro de Banana Yoshimoto y un par de dibujos; porque puede que deje el norte y viaje al invierno, pero llevo su calor dentro.

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