De ti II

Estándar

Deberás disculparme; no conocía esa faceta tuya. No sabía de lo que podía ser capaz el tiempo. Había escuchado de la erosión (hace mucho tiempo, en la escuela, en un libro de texto), pero nunca me había erosionado. Insisto, deberás disculparme; disculparme la forma en que te miré, por cómo te toqué y por cómo no lo hice. Discúlpame por creerte, por tomarte al pie de la letra. Te convertí -en verdad, fue sin dolo- en una postal de otros tiempos; tiempos mejores, ciertamente. Y ni tú, ni yo, fuimos esos tiempos mejores. Ahora sé que tú [en tus múltiples cuerpos, en tus tantos rostros (todos ellos bellos, no me cabe la menor duda), en tus vidas ora desaforadas, ora tranquilas],  has encontrado otros tiempos, otras personas. Incluso, puedo decir, que me has encontrado [en otros cuerpos, en otros labios, en otras vidas]; y me has encontrado mejor. Disculpame -por favor, ¡hazlo!- por habernos pensado etern*s. No era mi intención desaparecer: era mi script, era mi guión, mi pie de salida. Tú lo sabes (yo te lo dije), cuando la historia parezca que va para ningún lado, introduce un personaje nuevo… y saca a uno viejo (esto ahora te lo digo). Gracias *. Gracias a ti con todos tus nombres. Ahora, déjame en silencio, que es tiempo de que me reuna con la tercera persona. Incluso -quién sabe- con la tercera persona del plural. Disculpa que me vaya sin irme, que me quede sin estar, que me detenga a mirarte desde lejos (no, no me ves, nunca lo hiciste). Y perdona, perdónamelo todo, que, aunque no haya Dios o cielo, o una recompensa para quienes obran bien, estoy seguro de que será, por lo menos, un peso menos, un paso adelante para olvidar mirando mi retrato.

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